CULTURA, MEDIOS Y ENSEÑANZA.

Francisco Martínez Sánchez.

Universidad de Murcia.

 

 

Hace unos días oía en un programa de televisión lamentarse a una señora que había sido arrastrada a una situación económica muy preocupante por "culpa", decía ella, de la televisión. La televisión le había "vendido" la necesidad de adquirir "bienes" de todo tipo, que podía poseer de una manera económicamente cómoda y que le darían la felicidad.

Frente a esta historia reciente habría que colocar otras muchas que hacen referencia a cómo era percibido e interpretado por los receptores, las realidades sociales que aparecían en las comedias de cine americanas. Una cocina de cine, una casa de cine, un coche de cine. Lo visto no formaba parte de nuestra realidad, pese a que fuese una realidad en algún lugar, lo que significaba que, si bien era admirado, no era deseado.

¿Dónde está la diferencia entre las dos situaciones?. ¿Qué es lo que ha hecho que estas dos personas percivan de manera distinta el mensaje emitido por un medio de comunicación?.

Un cambio significativo hay que destacar entre estas dos situaciones, más allá de los resultados conductuales de cada una de ellas.

De una situación en que la exposición a un medio de comunicación, como en su momento fue el cine, requería de unos procesos de toma de decisiones y de adaptación al medio, se ha pasado a una permanente exposición a otros medios que no precisan de reflexión previa, y que están presentes en casi todas las situaciones de los ciudadanos.

La generalización de los medios de comunicación en la sociedad, ha permitido que éstos sean percibidos como elementos configurantes de nuestra realidad, formando parte de nuestro entorno más inmediato. La radio, la televisión, la prensa, forman parte de la realidad doméstica. La vivienda tiene un lugar, o varios, para la televisión, una radio que, pese a que como decía Mcluhan "el sonido lo invade todo", se desplaza acompañando a los receptores. Los lugares reservados a los que habitan en un domicilio están siendo invadidos por los medios con el consentimiento y el apoyo de los moradores. Del salón pasan al dormitorio e incluso al baño. No hay lugar de la casa en la que los medios no estén presentes.

Esa "familiaridad" hace que los mensajes por ellos emitidos sean interpretados como propios, en el sentido de que forman parte de nuestra realidad, de nuestros sistemas de información cotidianos, lo que significa que los contenidos de los mismos son interpretados como delimitadores del ámbito informativo social y, por extensión personal.

La información proporcionada y la formación sobre medios disponible por los receptores hace imposible una elaboración personal de los mensajes, aceptando la elaboración que de las mismas hacen los M.M.

La realidad es la realidad de los medios, no es posible una construcción personal de la realidad, salvo que tenga una formación adecuada.

Si recordamos el significado del término cultura y aceptando la definición que de la misma hacia Bronislaw Malinowski, entendiendola como "el conjunto integral constituido por los utensilios y bienes de los consumidores, por el cuerpo de normas que rige los diversos grupos sociales, por las ideas y artesanías, creencias y costumbres" (1.970, 42), podemos empezar a plantearnos dónde puede estar la relación entre los tres conceptos que hemos colocado en el título de nuestra aportación a este Curso.

CULTURA Y MEDIOS.

Si analizamos la anterior definición de cultura, tendremos que asumir que los medios de comunicación en general conllevan y configuran en la sociedad, una cultura singular que está invadiendo al resto de las que dan significado y conforman las conductas humanas.

Las culturas de la sociedad en general se han conformado como consecuencia de una superposición y procesos de adaptación y aceptación de usos y costumbres, criterios y significados, que han supuesto periodos de tiempo significativamente largos, acordes con la capacidad de reacción humana. La sociedad ha ido aceptando esos nuevos usos y asumiéndolos como constitutivos de su cultura mediante un proceso de asimilación e incorporación totalmente natural, en el sentido de que ha dado tiempo para que su integración en la cultura existente no supusiese ningún trauma.

La cultura ha adquirido así su verdadero significado, su verdadero objetivo que es, tal como propone M. Morse, el de ""humanizar" u culturizar la información por medio de la restauraciòn de un contexto espacial o temporal, y sin embargo artificial" .(1.994, 77).

La cultura procedente de los M.M. ha irrumpido de forma violenta, traumática, tanto si contemplamos la variable tiempo de reacción de los receptores, como si lo contemplamos desde la perspectiva de la extensión de la influencia. Esto supone que, en ocasiones, no haya sido posible una reacción humana que diese lugar a una asimilación consciente y personalizada por parte de los receptores finales de la misma, los usuarios de los medios.

No entraré en la disquisición de cual es la verdadera cultura de nuestro siglo, si la que tradicionalmente se entendido como tal o la que propician los M.M., me parece una discusión estéril y sin una única respuesta. El hecho real es que nos encontramos ante una situación concreta en la que es necesario hacer convivir a dos culturas que en ocasiones están en conflicto.

En estos momentos, y ante la carencia de una formación específica, se está imponiendo, en las clases culturalmente menos preparadas, la cultura de los M.M.: los nombres de los hijos, las frases hechas, las actitudes ante determinadas situaciones, son un reflejo de los programas que en cada momento emiten los M.M.

Esto significa una estandarización de la sociedad no deseable, ya que comporta la desaparición de los rasgos personales y diferenciadores de los humanos, tal como apunta G.H. Mead, "el espíritu es la presencia de símbolos significantes en la conducta, es la subjetivazación, dentro del individuo, del proceso social de comunicación en que surge el significado" (1.982,35), pero ello sólo es posible en la medida en que existe la formación precisa para poder, libremente, realizar ese proceso.

En la medida que los M.M. incorporen tecnologías que permitan una mayor cobertura, la estandarización será mayor y estará controlada por quienes poseen esa tecnología.

Esta situación no es controlable por quienes no tienen los medios, sólo con la formación puede ser controlada, en cierto modo.

Que el sujeto sea capaz de diferenciar entre su cultura personal, grupal, etc. y la cultura de los medios debe ser, en estos momentos, un objetivo primordial del sistema educativo de cualquier país desarrollado, ya que ello conducirá al desarrollo personal, en el sentido de estar en condiciones de hacer un análisis personal de la cultura que le proponen los M.M., independientemente de cuáles sean las corrientes culturales del entorno y cuál sea su decisión última de asumir o no esa cultura. Se trata de crear las condiciones para que sea posible la aparición de un criterio personal ante la cultura de los M.M.

MEDIOS Y ENSEÑANZA.

Todo lo dicho conduce a tener que contemplar la enseñanza como una alternativa, desde nuestro punto de vista la única, para poder superar el dominio cultural, y por extensión ideológica, que en determinados grupos sociales ejercen los M.M., ya que la cultura, y con ella la libertad, es posible sólo en la medida en que se es libre para tomar decisiones, en la medida en que se dispone de "instrumentos" ideológicos de elaboración propia, y eso sólo es posible con una formación adecuada para analizar la información que nos llega y, en consecuencia, poder tomar nuestras propias decisiones.

Decía que los M.M. generan su propia cultura, cultura singular que posee sus propias características, sus propios rasgos diferenciadores. Este hecho implica que su análisis, su estudio, se deba hacer desde estos criterios. Tratando de simplificar lo que pretende decir lo concretaría en que no podemos analizar un informativo de televisión, una teleserie, con los criterios con los que nos aproximamos a un periódico diario o las novelas ejemplares de Cervantes.

Concretando, en una primera fase, hay que "renunciar" a la cultura propia para poder "entender" los M.M. o para hacer interrogaciones significativas a éstos en el ámbito de la enseñanza.

Esto significa que:

La enseñanza debe facilitar la formación adecuada para que los ciudadanos sean capaces de analizar los convencionalismos, la cultura de los M.M. y hacer su propia elaboración conceptual de los mismos, ya que los que se imponen, inconscientemente, son aquellos y no los de los ciudadanos.

El logro de ese objetivo pasa por dos acciones paralelas y dirigidas a ciudadanos diferentes. Por un lado una incorporación de los M.M. a la enseñanza con el fin de que los más jóvenes comiencen desde el principio a realizar sus propios análisis de los mismos., disponiendo de los instrumentos necesarios para esa acción. Por otro lado, sería necesario atender a un sector de la población que ya a superado la edad escolar y que está tan necesitada o más de esta formación. Los medios de comunicación de titularidad pública tienen en funciones como ésta todo su significado, funcion que económicamente no es rentable pero que sí lo es y mucho a nivel social.

Quisiera terminar diciendo que los M.M. no son ni buenos ni malos, eso es puro maniqueísmo, simplemente son así y hay que formarse para convivir con ellos. Igual que hacemos con otros muchos instrumentos o tecnologías que no nos gustan. No vale decir que es en su uso donde radica su bondad o maldad. Los M.M. tienen una forma técnicamente correcta de ser utilizados, el resto son buenas intenciones y músicas celestiales.

BIBLIOGRAFIA.

 

MALINOWSKI, B., (1.970): "Una teoría científica de la cultura". EDHASA, Barcelona.

MARC, E. Y PICARD, D., (1.992): "La interacción social". Paidos, Barcelona.

MEAD, G.H. (1.982): "Espíritu, persona y sociedad". Paidos, Barcelona.

MORSE, M. (1.994): "¿Ciberia o comunidad virtual? Arte y ciberespacio". Revista de Occidente, 153, FEBRERO. 73-90.


MARTÍNEZ SÁNCHEZ, F. (1.994): "Cultura, medios y enseñanza". Caja Murcia, Murcia.