Publicado en EDUTEC, Revista Electrónica de Tecnología
Educativa, nº 7,
noviembre de 1997, ISSN: 1135-9250.
Introducción
Desde hace aproximadamente veinte años, en diversas
oleadas y desde diversas ideologías, numerosos autores
anuncian el
advenimiento de la sociedad de la información: un conjunto
de transformaciones económicas y sociales que cambiarán
la base
material de nuestra sociedad (véase Bell, 1973; Touraine,
1969; Bangemann, 1994 o Castells, 1997). Tal vez uno de los
fenómenos más espectaculares asociados a este conjunto
de transformaciones sea la introducción generalizada de
las nuevas
tecnologías de la información y la comunicación
en todos los ámbitos de nuestras vidas. Están cambiando
nuestra manera de
hacer las cosas: de trabajar, de divertirnos, de relacionarnos
y de aprender. De modo sutil también están cambiando
nuestra
forma de pensar.
La relación del ser humano con la tecnología
es compleja. Por un lado, la utilizamos para para ampliar nuestros
sentidos y
capacidades. A diferencia de los animales, el ser humano transforma
su entorno, adaptándolo a sus necesidades, las reales y
las socialmente inducidas, pero termina transformándolo
a él mismo y a la sociedad. En este sentido, podríamos
decir que
somos producto de nuestras propias criaturas.
Las tecnologías de la información y la comunicación
han desempeñado un papel fundamental en la configuración
de nuestra
sociedad y nuestra cultura. Pensemos en lo que han significado
para historia de la Humanidad la escritura, la imprenta, el
teléfono, la radio, el cine. o la TV. Desde nuestros antepasados
cazadores-recolectores que pintaban figuras en las paredes de
sus cuevas y abrigos hasta nuestros días, la tecnología
ha transformado al ser humano, y lo ha hecho para bien y para
mal. Las
tecnologías ya asentadas a lo largo del tiempo, las que
utilizamos habitualmente o desde la infancia, están tan
perfectamente
integradas en nuestras vidas, como una segunda naturaleza, que
se han vuelto invisibles. Las utilizamos hasta tal punto que no
somos conscientes de cómo han contribuido a cambiar las
cosas. Sólo percibimos la tecnología cuando falla
o temporalmente
desaparece: una huelga de transporte público sume a toda
una ciudad en el caos; un corte de suministro eléctrico
lo trastoca
todo: ni siquiera suenan nuestros despertadores. La tecnología,
pues, solo se percibe si es suficientemente "nueva".
Y las
novedades y los cambios generan incertidumbres, alteran el 'status
quo' y ponen en peligro intereses creados.
Los medios de comunicación y las tecnologías
de la información han desempeñado un papel relevante
en la historia humana.
Como señala Moreno (1997), las dos cuestiones clave que
preocupan a los historiadores de la comunicación son, en
primer
lugar, qué relaciones existen entre las transformaciones
de los medios de comunicación y las relaciones sociales
y la cultura,
entendida en sentido amplio. Y en segundo lugar, qué repercusiones
han tenido los medios en los procesos cognitivos humanos
a corto y largo plazo. Resumiendo: les interesa averiguar cómo
han afectado las tecnologías de la información al
ser humano y a
la sociedad. De la historia podemos extraer valiosas lecciones
en estos momentos de cambio e incertidumbre.
Es este artículo me gustaría esbozar algunas
de las implicaciones que las nuevas tecnologías de la información
y la
comunicación están comenzando a tener en la educación.
Un enfoque habitual del tema de las nuevas tecnologías
y la
educación es reducirlo exclusivamente a sus aspectos didácticos,
es decir, considerarlas tan sólo un medio más en
el bagaje de
recursos del docente sin asumir que las nuevas tecnologías
están cambiando el mundo para el que educamos niños
y jóvenes.
Y que tal vez sea necesario redefinir nuestras prioridades como
educadores.
Por otra parte, la materialización de algunas de las
posibilidades que se vislumbran en las nuevas tecnologías
dependerán más
de decisiones políticas y de compromisos institucionales
que de avances tecnológicos o de la disponibilidad de medios.
Las
instituciones educativas tienen una historia muy larga y un conjunto
muy asentado de prácticas. A lo largo de siglos se han
consolidado una serie de formas de hacer las cosas que son difíciles
de cambiar a corto plazo. En terminología física,
diríamos
que la masa inercial de las instituciones es enorme y que se requiere
una gran cantidad de energía para hacerla cambiar de
dirección o acelerar su marcha.
Comprender y valorar el impacto que las tecnologías
de la información y la comunicación están
teniendo ya en nuestras vidas,
en el marco de la sociedad actual y, sobre todo, en la del futuro,
requiere no sólo acercarnos con un microscopio y escrutar
detenidamente sus características y potencialidades. En
ocasiones, como afirma Levinson (1990), es necesario también
retroceder algunos pasos y utilizar el telescopio: tomar perspectiva
para poder comprender y juzgar un fenómeno a la luz de
lo
que ha sucedido anteriormente. A continuación utilizaremos
un telescopio bastante potente y empezaremos con algo que pasó
hace ahora varios cientos de miles de años.
2. La evolución de las tecnologías de la información y la comunicación
Desde la década de los sesenta, numerosos autores han
propuesto dividir la historia humana en fases o periodos caracterizados
por la tecnología dominante de codificación, almacenamiento
y recuperación de la información (véase,
en los últimos años,
Levinson, 1990; Harnad, 1991; o Bosco, 1995, por ejemplo). La
tesis fundamental es que tales cambios tecnologicos han
dado lugar a cambios radicales en la organización del conocimiento,
en las prácticas y formas de organización social
y en la
propia cognición humana, esencialmente en la subjetividad
y la formación de la identidad. Sólo adoptando una
perspectiva
histórica es posible comprender las transformaciones que
ya estamos viviendo en nuestro tiempo.
El primero de estos cambios radicales ocurrió hace varios
cientos de miles de años, cuando ³emergió el
lenguaje en la
evolución de los homínidos y los miembros de nuestra
especie se sintieron inclinados -en respuesta a algunas presiones
adaptativas cuya naturaleza es todavía objeto de vagas
conjeturas- a intercambiar proposiciones con valor de verdad²
(Harnad, 1991, pág. 39). El lenguaje oral, es decir la
codificación del pensamiento mediante sonidos producidos
por las
cuerdas bucales y la laringe, fue, sin duda, un hecho revolucionario.
Permitía la referencia a objetos no presentes y expresar
los
estados internos de la conciencia. El habla ³proporcionó
una nueva dimensión a la interacción humana. El
habla convirtió el
pensamiento en una mercancía social. Con el habla se hizo
posible hacer pública y almacenar la cognición humana.
El
conocimiento de los individuos podía acumularse y el conocimiento
acumulado de la sociedad era almacenado en los cerebros
de los mayores... La palabra hablada proporcionó un medio
a los humanos de imponer una estructura al pensamiento y
transmitirlo a otros². (Bosco, 1995, pág. 28).
Es dificil imaginar como puede ser la vida cotidiana en una
sociedad oral. No basta con pensar en nuestra sociedad sin libros,
sin escritos, sin todo lo relacionado con la escritura: es otra
manera de ver el mundo y de pensar. Walter Ong (1995) ha
intentado dibujarnos un retrato de la psicodinámica de
la oralidad en las culturas verbo motoras en base a estudios
antropológicos de culturas preliterarias y a las evidencias
de los primeros textos escritos, en realidad transcripciones de
la
tradición oral, como la Iliada y la Odisea. No tenemos
tiempo para explorar en profundidad las ideas de Ong, pero imagínense
una comunidad en la que la palabra no tiene una transcripción
permanente, escrita. El sonido está intrínsecamente
relacionado
con el tiempo, la palabra existe sólo mientras es pronunciada
y en la memoria de los oyentes. No es extraño que existan
palabras mágicas o que los refranes transmitan el saber
popular a las nuevas generaciones. Ong (1995) describe este tipo
de
cultura como aditiva y agregativa más que analítica,
redundante, tradicionalista, centrada en la vida cotidiana, empática
y
participativa, más que objetivamente distanciada, homeostática
y situacional, más que abstracta.
La segunda gran revolución fue producto de la creación
de signos gráficos para registrar el habla. Levinson (1990)
afirma que
la fluidez y abstracción del habla creó la presión
evolutiva necesaria para la comunicación más allá
de los límites biológicos: la
escritura. En todo caso, fue un proceso que duró miles
de años. Los primeros signos de los que tenemos noticia
datan del
paleolítico superior (entre 30.000 y 10.000 años
antes de nuestra era), pero fue solo 3.500 años antes de
nuestra era cuando
comenzaron a utilizarse para representar el habla, después
de 500.000 años de cultura oral (Bosco, 1995). La palabra
escrita
permitió la independencia de la información del
acto singular entre el hablante y el oyente, temporal y espacialmente
determinado, la posibilidad de preservar para la posteridad o
para los no presentes el registro de lo dicho-oido. La palabra
escrita tenía, sin embargo, algunos inconvenientes: era
lenta en relación a la rapidez del lenguaje hablado, su
audiencia era
menor, la lectura es un acto individual (a no ser que se convierta
en palabra hablada) y, en definitiva, era un medio mucho
menos interactivo de comunicación que el habla. La forma
del discurso se adaptó a estas características.
Se hizo más reflexivo,
deliverado y estructurado. La escritura estabilizó, despersonalizó
y objetivizó el conocimiento (Bosco, 1995). La escritura,
como destaca Ong (1995), reestructuró nuestra conciencia
y creó el discurso autónomo, libre de contexto,
independiente del
hablante/autor. La literatura y, sobre todo, la ciencia se beneficiaron
de la fiabilidad y sistematización que la escritura confirió
al
conocimiento y al pensamiento. La posibilidad de acumular el conocimiento,
de transferirlo a la posteridad o de asociarlo a un
objeto mueble que podía ser reproducido y transportado
hicieron de la escritura un desarrollo estratégico. La
importancia de la
permanencia del mensaje en el texto escrito se evidencia en episodios
de las tradiciones religiosos de numerosos pueblos. No
es necesario extenderse sobre las diferencias entre las religiones
³con libro² (como la cristiana, la judía o la
musulmana) y las
³sin libro² (como las orientales). Pero la aceptación
de la escritura como medio para el avance del conocimiento no
fue
inmediata (véanse, por ejemplo, las ideas que Platón
pone en boca de Sócrates en el Fedro, y su crítica
del ³mayestático
silencio² del texto, cinco siglos antes de nuestra era).
La difusión de la escritura no fue rápida ni
generalizada (Gaur, 1990). De hecho, la escuela como institución
es una
consecuencia de la alfabetización. ³El desarrollo
de las escuelas como lugares alejados de los procesos productivos
primarios
de la sociedad está estrechamente conectado con el desarrollo
de la escritura² (Bosco, 1995, pág. 31). Las primeras
escuelas
conocidas datan de 2.000 años a.c., en Sumeria. Su objetivo
era enseñar la escritura cuneiforme a una clase social
privilegiada,
a unos "especialistas": los escribas. Un uso político-económico
del lenguaje escrito que también puede hallarse en China
o
Egipto. En las culturas orales, el aprendizaje era fruto de la
experiencia en las actividades de la vida cotidiana. La aparición
de
la escritura impone la descontextualización o disociación
entre las actividades de enseñanza/aprendizaje y las actividades
de la
vida diaria. Aprender a leer y escribir requería el uso
de medios extraordinarios: no era ya posible hacerlo mediante
la
observación y la repetición de los actos de los
adultos, muchas veces en forma de juego, que eran la forma natural
de
socialización. La palabra, escrita y hablada, tomaba el
relevo de la experiencia directa con las cosas.
La tercera revolución se debió a la aparición
de la imprenta. Algunos autores (Bosco, 1995, por ejemplo) la
consideran un
simple desarrollo de la segunda fase: a fin de cuentas el código
es el mismo en la escritura manual que en la impresa. Sin
embargo, la posibilidad de reproducir textos en grandes cantidades
tuvo una influencia decisiva en el conjunto de
transformación políticas, económicas y sociales
que han configurado la modernidad y el mundo tal como es ahora.
La imprenta
significó la posibilidad de producir y distribuir textos
en masa, restaurando en parte la interactividad del habla, perdida
en el
texto manuscrito (Harnad, 1991). Nuestra cultura está tan
fuertemente basada en la tecnología de la imprenta que
resulta
superfluo extenderse en sus consecuencias. El mundo tal como lo
conocemos es producto de la imprenta (Eisenstein, 1994) (si
exceptuamos la influencia de los medios de masas electrónicos,
como la TV, en las últimas décadas). Según
Bosco (1995), la
estructura del libro (lineal, dividido en capítulos, cada
uno de los cuales contiene un segmento coherente y unificado de
la
totalidad, su presencia física¹ y permanencia,
etc.) se reproduce en la estructura de nuestro conocimiento (dividido
en
disciplinas cohesionadas, permanentes, acumulativas, ordenadas
lógicamente, etc.) y, añadiría, de gran parte
de nuestra actual
pedagogía.
Es ilustrativo, a fin de calibrar la magnitud de los cambios
en las vidas de las personas que introducen las revoluciones
tecnológicas, echar un vistazo a cómo accedían
a la información escrita los estudiantes universitarios
antes de la aparición de la
imprenta y compararla con nuestras actuales bibliotecas universitarias1.
Con las primeras Universidades aparecen las primeras
bibliotecas universitarias, hacia el S. XII-XIII. Aunque la enseñanza
se basaba en la memoria, los estudiantes y profesores
disponían de bibliotecas para consultar las obras que no
podían copiar por si mismos (o hacer que se las copiaran).
Las
bibliotecas eran colecciones dispersas en distintas facultades,
colegios, etc. con pocos libros que, en general, procedían
de
donaciones o legados. Tenían dos secciones, la magna, con
los libros de consulta encadenados (tal era su valor) y la parva,
libros que se prestaban depositando en fianza otro libro. Los
horarios de consulta no eran precisamente amplios. En el S. XV
la Universidad de Salamanca, por ejemplo, tenía un horario
reglamentado de dos horas por la mañana y dos por la tarde.
Las
actitudes de los profesores hacia las primeras bibliotecas no
era de entusiasmo, precisamente.
En realidad el negocio lo hacían los "estacionarios",
una especie de libreros que disponían de todas las obras
que se
necesitaban en las universidades, debidamente aprobadas por la
autoridad académica. Para ejercer su profesión tenían
que
depositar una fianza y trabajar bajo la supervisión directa
de la Universidad. Su actividad se regulaba en las "Constituciones"
y
consistía en disponer de copias autorizadas de las obras,
divididas en cuadernos, que prestaban a los estudiantes para que
éstos los copiaran o los hicieran copiar por amanuenses
y luego volvían a recuperarlos. De esta forma las copias
se hacían
siempre sobre un ejemplar correcto y las copias sucesivas no hacían
que se desviara demasiado del contenido original. Este
sistema, la "Pecia", era el más común
para hacerse con la bibliografía necesaria hasta finales
de la Edad Media (Febre y
Martin, 1962)2.
Las dificultades de acceso a la información, cuando
ha estado vinculada a objetos de difícil reproducción
y que viajaban a la
misma velocidad que los medios de transporte, han modelado nuestras
conductas y nuestras instituciones. La imprenta
contribuyó a una auténtica revolución en
la difusión del conocimiento y de las ideas y, por tanto,
en la evolución de nuestros
sistemas políticos, la religión, la economía
y prácticamente todos los aspectos de nuestra sociedad.
Aprender a leer y a escribir
es, todavía, el más importante aprendizaje que se
realiza en la escuela. Es la puerta de acceso a la cultura y a
la vida social.
Pero, en la actualidad, estamos viviendo una cuarta revolución.
La cuarta revolución, en la que está inmersa
nuestra generación, es la de los medios electrónicos
y la digitalización, un nuevo
código más abstracto y artificial (necesitamos aparatos
para producirlo y descifrarlo) de representación de la
información cuyas
consecuencias ya hemos comenzando a experimentar. Bosco (1995)
sitúa el origen de esta nueva etapa en una fecha concreta:
el 24 de mayo de 1844, cuando Samuel Morse envió el primer
mensaje por telégrafo. Por primera vez (si exceptuamos
algunos intentos de telégrafos semafóricos), la
información viajaba más rápido que su portador.
Hasta ese momento, había
permanecido atada a los objetos sobre los que se codificaba. Ahora
viajaba a la velocidad de la luz, infinitamente más rápido
que los trenes al lado de cuyas vías se hicieron los tendidos
de los postes telegráficos.
Por aquella época, Charles Babbage, un ingeniero inglés,
trabajaba ya en su máquina analítica, un engendro
mecánico dado
que la tecnología eléctrica y electrónica
no se había desarrollado lo suficiente como para pensar
en utilizarla. Pero el camino
hacia el ENIAC, el primer ordenador digital, estaba trazado. En
este proceso de digitalización del saber hemos asistido
a una
fase preliminar en la que la electrónica ha propiciado
el rápido desarrollo de aplicaciones analógicas
(el teléfono, la radio, la
televisión, el fax, etc.), que en la actualidad están
migrando rápidamente hacia la digitalización y adquiriendo
capacidades
interactivas entre emisor y receptor y de procesamiento y manipulación
de la información ampliadas. Los avances en la
creación de imagen de síntesis, por ejemplo, ha
aumentado el número de aplicaciones de esta nueva forma
de codificar la
información: no sólo tenemos textos, imágenes
y sonidos digitalizados que podemos almacenar y reproducir indefinidamente
de
modo fiel, sino que también podemos producirlos desde la
nada, generarlos a voluntad. Han aparecido nuevos tipos de
materiales, desconocidos anteriormente: multimedia, hipermedia,
simulaciones, documentos dinámicos producto de consultas
a
bases de datos, etc. Los satélites de comunicaciones y
las redes terrestres de alta capacidad permiten enviar y recibir
información desde cualquier lugar de la Tierra. Este es
el entorno de los niños y jóvenes de hoy, el mundo
para el cual
debemos formarlos en las instituciones educativas, el mundo de
las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.
Los cambios ligados a esta cuarta revolución se están
produciendo en este mismo momento y, además, dependen de
numerosos factores sociales y económicos, no sólo
tecnológicos. Las perspectivas varían desde los
más optimistas, que ven las
nuevas tecnologías como una posibilidad de redención
de todos los males (véase Negroponte, 1995; Toffler, 1996;
o Gates,
1995, por ejemplo), hasta quién sólo ve amenazas
y nubarrones (véase Roszak, 1986; Bloom, 1989; Postman,
1994 o Stoll
1996). De hecho, el panorama que hemos presentado en esta sección
es, a todas luces, una simplificación excesiva de la
compleja historia de la comunicación humana. La relación
entre oralidad y alfabetización y los efectos sociales
y cognitivos de
la escritura son objeto de controversia entre los especialistas
(Olson y Torrance, 1991; Olson, 1994, por ejemplo). El objeto
de dicha simplificación ha sido destacar la importancia
de la digitalización de la cultura y del momento que vivimos
y alertar al
lector para que pueda detectar los cambios, en ocasiones sutiles,
que se están produciendo en todas las esferas de nuestras
vidas.
Sin embargo, la mayoría de las explicaciones sobre la
evolución de las tecnologías de la información
(como la que se ha
propuesto más arriba) padecen un fuerte determinismo tecnológico.
Es decir, con frecuencia olvidamos que una tecnología no
sólo tiene implicaciones sociales, sino que también
es producto de las condiciones sociales y, sobre todo, económicas
de una
época y país. El contexto histórico es un
factor fundamental para explicar su éxito o fracaso frente
a tecnologías rivales y las
condiciones de su generalización. La sociedad actúa
como propulsor decisivo no sólo de la innovación
sino de la difusión y
generalización de la tecnología (Breton y Proulx,
1990). Como afirma Manuel Castells, ³el cambio tecnológico
tan sólo puede
ser comprendido en el contexto de la estructura social dentro
de la cual ocurre² (Castells, 1995). ¿Por qué
muchas de las
primeras tablillas de arcilla con escritura cuneiforme eran inventarios
de almacén? ¿Por qué la imprenta no se desarrolló
en la
China si ya se conocían las tecnologías que están
en su base, incluyendo el papel, la prensa y los tipos móviles,
antes que en
occidente? ¿Por qué los primeros libros impresos
fueron de temática religiosa y conjuntos de tablas para
cálculos comerciales?
De todos los modelos de televisión posibles, ¿por
qué tenemos la que tenemos? La explicación a todas
estas cuestiones sólo
puede hallarse en los contextos sociales, políticos y económicos
en los que se crearon y desarrollaron como innovaciones. No
olvidemos, por ejemplo, que la imprenta nació como un negocio
(Eisentein, 1994). Lo que está pasando ahora mismo en la
Internet, la explosión de contenidos comerciales o las
batallas por controlar el mercado del software, no son precisamente
un
producto de la tecnología. Las características de
los protocolos de comunicación utilizados en la Internet
son una creación
humana deudora de las necesidades percibidas por los investigadores
y las instituciones que financian e impulsan la
investigación. Así, nos encontramos en un periodo
en el que el uso comercial de las redes informáticas está
propiciando la
investigación en aspectos antes poco relevantes como la
seguridad en las transacciones electrónicas, el dinero
electrónico, los
micropagos, la banca electrónica, etc. Pero de todos estos
desarrollos pueden obtenerse otros beneficios, del mismo modo
que una red informática descentralizada, creada para soportar
un ataque nuclear, se ha mostrado sumamente resistente a los
intentos de censura y control ideológico de los gobiernos
cuando ha pasado a las manos de los ciudadanos.
En resumen, todos estos avances tecnológicos tienen
lugar dentro de un determinado marco socioeconómico que
hace posible
no solo su desarrollo en los centros de investigación y
Universidades, sino también su transferencia a la sociedad
y su
aplicación a la producción. La revolución
tecnológica en los medios, canales y soportes de la información
que se está
produciendo ante nuestros ojos se puede englobar en un conjunto
más amplio de cambios en la estructura productiva de
nuestra sociedad. Un término define este conjunto de transformaciones:
la sociedad de la información.
3. Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación
Parafraseando la definición de Gonzalez, Gisbert et
al., (1996, pág. 413), entendemos por "nuevas tecnologías
de la
información y la comunicación" el conjunto
de procesos y productos derivados de las nuevas herramientas (hardware
y
software), soportes de la información y canales de comunicación
relacionados con el almacenamiento, procesamiento y
transmisión digitalizados de la información.
Cabero (1996) ha sintetizado las características más
distintivas de las nuevas tecnologías en los siguientes
rasgos:
inmaterialidad, interactividad, instantaneidad, innovación,
elevados parámetros de calidad de imagen y sonido, digitalización,
influencia más sobre los procesos que sobre los productos,
automatización, interconexión y diversidad.
El paradigma de las nuevas tecnologías son las redes
informáticas. Los ordenadores, aislados, nos ofrecen una
gran cantidad
de posibilidades, pero conectados incrementan su funcionalidad
en varios órdenes de magnitud. Formando redes, los
ordenadores no sólo sirven para procesar información
almacenada en soportes físicos (disco duro, disquette,
CD ROM, etc.)
en cualquier formato digital, sino también como herramienta
para acceder a información, a recursos y servicios prestados
por
ordenadores remotos, como sistema de publicación y difusión
de la información y como medio de comunicación entre
seres
humanos. Y el ejemplo por excelencia de las redes informáticas
es la Internet. Una red de redes que interconecta millones de
personas, instituciones, empresas, centros educativos, de investigación,
etc. de todo el mundo. Se ha afirmado que la Internet
es una maqueta a escala de la futura infraestructura de comunicaciones
que integrará todos los sistemas separados de los que
hoy disponemos (TV, radio, teléfono, etc.), ampliando sus
posibilidades, los nuevos sistemas que hoy ya se utilizan
experimentalmente en la Internet (i.e., videoconferencia, video
a la carta, etc.) y otros que apenas imaginamos.
La digitalización supone un cambio radical en el tratamiento
de la información. Permite su almacenamiendo en grandes
cantidades en objetos de tamaño reducido o, lo que es más
revolucionario, liberarla de los propios objetos y de sus
características materiales y hacerla residir en espacios
no topológicos (el 'ciberespacio' o la 'infosfera') como
las redes
informáticas, accesibles desde cualquier lugar del mundo
en tiempo real. También podemos reproducirla sin merma
de calidad
de modo indefinido, enviarla instantáneamente a cualquier
lugar de la Tierra y manipularla en modos que nuestros antepasados
ni siquiera soñaron. La digitalización de la información
está cambiando el soporte primordial del saber y el conocimiento
y con
ello cambiará nuestros hábitos y costumbres en relación
al conocimiento y la comunicación y, a la postre, nuestras
formas de
pensar.
Las ideas sobre la información están muy ligadas
a los soportes que nos han servido para almacenarla y transmitirla
durante
años. Nuestra generación está muy influida
por la imprenta y la televisión, es decir, por el texto
impreso y por el modelo
"broadcast" de difusión de imágen y sonido
de la radio y la TV. Un ejemplo servirá para ilustrar este
punto. Toda la legislación
actual sobre propiedad intelectual y derechos de copia está
basada dos supuestos: el primero es que es relativamente costoso
producir y difundir libros impresos y material audiovisual; el
segundo, derivado del anterior, es la división del trabajo
entre
autores y editores, es decir, entre productores y distribuidores
de información. No es extraño que sea así,
ya que dicha
protección de derechos nació con la imprenta y para
proteger los derechos comerciales de los impresores (y, digámoslo
claramente, en mucha menor medida de los autores). También
es evidente que se adapta mal a estos tiempos cibernéticos
en
los que una copia de enésima generación de un texto
electrónico o de una aplicación informática
es exactamente igual al original
y que cualquier niño o niña de 12 años puede
difundirla por todo el mundo en cuestión de segundos. Pero
no sólo los derechos
de copia se ven afectados. Otras categorías a las que estamos
acostumbrados ("autor", ³lector², "obra",
³texto², etc.) están
siendo desafiadas por nuevas formas de producción, almacenamiento
y distribución de la información (Landow 1992; Bolter
1991). Los sistemas hipermedia distribuidos, por ejemplo, diluyen
la distinción entre autor/lector y entre autor y editor.
Sn
embargo, seguimos pensando en términos de átomos
en lugar de en términos de bits: un subproducto mental
típico de la era
analógica. John Perry Barlow (1994) sostiene que la información
es algo intangible y que, al igual que la luz o la materia, sus
propiedades son paradójicas: la información no posee
las propiedades del objeto sobre el que la codificamos, es más
parecida
a una actividad o a una relación y se propaga y evoluciona
como una forma de vida.
4. Algunas repercusiones de las nuevas tecnologías
Las consecuencias de todos estos avances las estamos viviendo
día a día. Sólo destacaremos brevemente algunas,
para
centrarnos a continuación, en sus repercusiones educativas.
Los medios electrónicos e impresos han producido una
auténtica explosión en la cantidad de información
que nos llega a las
personas. Un fenómeno que no es nuevo: recordemos las razones
que llevaron a Vanevar Bush a diseñar su "Memex",
el
concepto matriz de los hipertextos actuales, en la década
de los cuarenta (Bush, 1945; Nyce y Kahn, 1991), pero que en las
últimas décadas está tornándose más
acusado si cabe. Se calcula que, al principio de la historia humana,
costaba de 10.000 a
100.000 años doblar el conocimiento humano. Hoy cuesta
menos de 15 años. En algunos campos, cada pocos años
se hace
necesario revisar las acreditaciones académicas (Bartolomé,
1996): una persona que no haya estudiado lo producido en los
últimos años no está ya capacitada para desempeñar
su profesión. Cualquier profesional que quiera mantenerse
al día sobre el
desarrollo de su disciplina sabe las horas que debe dedicar al
estudio y a la puesta al día.
Un efecto asociado a esta explosión, fácilmente
constatable, es el aumento del ruido en la comunicación.
Hoy tenemos mucha
información (o pseudoinformación) , pero, ¿estamos
mejor informados? El problema ya no es conseguir información,
sino
seleccionar la relevante entre la inmensa cantidad que nos bombardea
y evitar la saturación y la consiguiente sobrecarga
cognitiva. Algunos autores han sugerido que los medios electrónicos
de masas han transformado nuestra forma de percibir la
realidad. Entre sus efectos: la disminución y dispersión
de la atención, una cultura "mosaico", sin profundidad,
la falta de
estructuración, la superficialidad, la estandarización
de los mensajes, la información como espectáculo,
etc. Los nuevos
lenguajes audiovisuales han dado lugar a una cultura de la imagen
en movimiento para la que, por ejemplo, la escuela, una
institución primordialmente oral-libresca, no nos prepara.
Peor aún, los medios de comunicación de masas han
creado lo que
se ha denominado una "industria de la conciencia", una
recreación mediatizada y manipulada de la realidad, al
servicio de los
intereses que controlan dichos medios y que ha sustituido en gran
medida a la realidad real.
Por otra parte, es habitual la confusión entre información
y conocimiento. El conocimiento implica información interiorizada
y
adecuadamente integrada en las estructuras cognitivas de un sujeto.
Es algo personal e intransferible: no podemos transmitir
conocimientos, sólo información, que puede (o no)
ser convertida en conocimiento por el receptor, en función
de diversos
factores (los conocimientos previos del sujeto, la adecuación
de la información, su estructuración, etc.).
La educación debe dar una respuesta a estos problemas.
La institución escolar, que nació, entre otras cosas,
para
proporcionar información, compite ahora con fuentes de
una increíble credibilidad (valga la expresión)
como la TV, cuyo
objetivo no es, evidentemente, ni formar, ni informar verazmente,
ni educar sino más bien capturar audiencias masivas y
venderlas a los anunciantes o, simplemente, ganar dinero. Los
medios de comunicación y las redes informáticas
han sido
calificados acertadamente de "profesores salvajes" (Comisión
Europea, 1995, pág. 29) y su influencia es enorme, sobre
todo si
tenemos en cuenta que la TV es la tercera actividad en tiempo
empleado, tras el trabajo y el sueño, de la mayoría
de los
habitantes de los países occidentales.
Una segunda consecuencia de la ampliación de nuestra
capacidad para codificar, almacenar, procesar y transmitir todo
tipo de
información es la transformación radical de dos
condicionantes fundamentales en la comunicación: el espacio
y el tiempo.
Ambas están muy relacionadas. No en vano nuestros abuelos
utilizaban unidades de tiempo para expresar distancias y
superficies: el tiempo necesario para recorrerlas a pie o a caballo
o para ararlas. Las nuevas tecnologías han desmaterializado,
deslocalizado y globalizado la información. Al situarla
en el "ciberespacio" (esa 'alucinación consensual
formada por todos los
bancos de datos de todos los ordenadores del mundo interconectados
entre sí', parafraseando la definición del novelista
William Gibson (1989)) la han liberado de las características
de los objetos culturales tradicionales (objetos muebles como
el
libro, el cuadro o la fotografía), que la sustentaban y
cuya materialidad nos limitaba fuertemente, y han eliminado los
tiempos de
espera para que el mensaje llegue del emisor al receptor. Como
sostiene Negroponte (1995), hemos pasado de una cultura
basada en el átomo a una cultura basada en el bit. Y mover
átomos es caro y lento, mover bits es rápido y barato.
Las
implicaciones de este cambio son enormes ya que las coordenadas
espacio-temporales son el marco de toda actividad
humana. Las redes informáticas eliminan la necesidad de
los participantes en una actividad de coincidir en el espacio
y en el
tiempo. Y este hecho desafía la manera en la que hemos
hecho la mayor parte de las cosas durante muchos años.
Una
empresa, una universidad, un Parlamento o una sesión de
cine se basan en la necesidad de unir a un grupo de personas en
un
tiempo y un espacio comunes para realizar actividades en las que
interactúan entre sí. Esto no significa que todo
lo que hacen
las personas en estos entornos pueda realizarse a distancia, pero
muchas de nuestras actuales formas de hacer las cosas datan
de cuando la manera más rápida de hacer llegar la
información de un lugar a otro era llevarla galopando a
caballo.
Sin embargo, pese a que las sucesivas revoluciones tecnológicas
parecen haber alejado al ser humano (y sus herramientas y
medios de comunicación) de la biología y de la naturaleza,
algunos autores destacan el carácter nuevamente ³natural²
de los
medios digitales. Levinson (1990), por ejemplo, explica la evolución
de las tecnologías de la comunicación como una sucesión
de tres estadios:
a.En el primero, nuestra especie se encuentra en un entorno
comunicativo en el que todas las características del mundo
natural percibido están presentes, pero en el que la comunicación
está limitada por los límites biológicos
de la vista, el
oído y de la memoria.
b.Para superar dichos límites biológicos, el ser
humano desarrolla nuevas tecnologías (i.e., la escritura,
que preserva el
saber más allá de las limitaciones de la memoria
o permite transmitir a distancia el pensamiento). El precio es
la renuncia
al entorno de comunicaciones natural, de los sentidos, pretecnológico
(i.e., el ³silencio² del texto, del que se quejaba
Sócrates, o la falta de interactividad del libro, por emplear
la terminología moderna).
c.Los nuevos medios electrónicos (analógicos primero
y posteriormente digitales) no sólo extienden nuestras
posibilidades
de comunicación más allá de nuestros límites
biológicos, sino que recuperan elementos y características
de la etapa
pretecnológica anterior a la escritura (i.e. interactividad
entre emisor y receptor, tiempo real, uso directo de los sentidos,
etc.). La realidad hoy en día es experimentada vicariamente
en cualquier lugar, en el mismo momento que sucede en la
otra parte del planeta o es registrada para la posteridad. El
uso de artefactos, curiosamente, nos ha devuelto los sentidos
en la comunicación humana. El teléfono nos devolvió
la conversación y eliminó gran parte de la correspondencia
personal. La TV nos volvió a hacer testigos directos de
los acontecimientos (testigos pasivos, por otra parte). Las
nuevas tecnologías de la información, según
Levinson (1990) y al contrario de lo que señalan muchos
críticos, no están
haciendo el mundo más artificial, sino, en el sentido indicado,
más ³natural². Evidentemente, es sólo
una manera de verlo.
Los interfases de usuario no son, ni mucho menos, naturales. La
mediación del artefacto no es un proceso transparente.
Tiene sus propios condicionantes, que debemos conocer si queremos
emplearlas satisfactoriamente. Toda una escuela
de pensamiento, la iniciada por McLuhan, cifra en el medio los
determinantes fundamentales de la comunicación
(¿recuerdan aquello de "El medio es el mensaje"?).
Una tercera característica de las nuevas tecnologías
de la información que tiene enorme importancia, especialmente
en
educación, es la interactividad (Bartolomé, 1995),
es decir, la posibilidad de que emisor y receptor permuten sus
respectivos
roles e intercambien mensajes. Los medios de comunicación
de masas, los periódicos, la radio y la televisión,
definen los
papeles de los participantes de modo estático: por un lado
el productor/distribuidor de la información y por el otro
el
receptor/consumidor de la información. Unos pocos emisores
centralizados, que precisan recursos muy costosos, difunden
mensajes estandarizados a una masa de receptores/consumidores
pasivos y dispersos. Los nuevos medios se caracterizan por
todo lo contrario: no existe un centro y una periferia, un emisor
y una masa de espectadores. La inteligencia de las nuevas redes
de comunicación está distribuida entre los nodos
y pasar de la comunicación persona a persona a la comunicación
de masas es
sumamente sencillo. De hecho, la masa indiferenciada, creada por
los medios de comunicación tradicionales, está
desapareciendo para dar paso a grupos de interés e individuos
que interactúan entre sí, formando comunidades virtuales,
y que
no sólo consumen información, sino que también
la producen y distribuyen.
Las redes informáticas como la Internet, el campo de
pruebas de los nuevos medios, son ejemplo de esta forma de
interrelación. Permiten que sus usuarios participen de
nuevas formas de interacción social. La estandarización
de los mensajes
ya no es una imposición de la estructura del medio. Incluso
estamos asistiendo a una evolución de los medios tradicionales
de
masas ligada a las posibilidades de la digitalización y
la ampliación del ancho de banda: televisión a la
carta, video bajo
demanda, "pay-per-view", periódicos personalizados
("Daily Me"), etc. La masa amorfa e indivisa de consumidores
se desgaja
en grupos que forman audiencias especializadas y que buscan activamente
la información que les interesa.
Pero los nuevos medios van más allá. En la sociedad
de la información, el espacio y el tiempo ya no son condicionantes
de la
interacción social, del mismo modo que las fronteras y
los límites nacionales no representan barreras para la
circulación del
capital, de la información, de los mercados, incluso el
de trabajo, o las relaciones interpersonales. Un ejemplo de estas
nuevas
formas de interacción son las comunidades virtuales: grupos
de personas que comparten un interés y que utilizan las
redes
informáticas como canal de comunicación barato y
cómodo entre individuos espacialmente dispersos y temporalmente
no
sincronizados. Este rasgo, la interactividad, junto con la deslocalización,
define más que cualquier otro las nuevas tecnologías
de la información y posee implicaciones cruciales en todos
los ámbitos de nuestra experiencia. Por ejemplo, y este
tema será
tratado más adelante, la Internet puede soportar modelos
tradicionales de educación a distancia (cuando digo tradicionales,
me
refiero a ³pedagógicamente tradicionales²), pero
están emergiendo nuevos entornos de enseñanza/aprendizaje
basados no sólo
en formas de comunicación en tiempo real (videoconferencia,
por ejemplo), sino también en técnicas didácticas
de aprendizaje
cooperativo y colaborativo (Salinas, 1995), sustentadas por la
capacidad interactiva de la comunicación mediada por
ordenador. Estos entornos rompen la unidad de tiempo, espacio
y actividad de la enseñanza presencial, creando "aulas
virtuales", esto es, espacios para la actividad docente/discente
soportados por las facilidades de un sistema de comunicación
mediada por ordenador. Es evidente que la mayoría de nuestros
conocimientos sobre cómo enseñar provienen de entornos
tradicionales y que, en muchos casos, no servirán en estos
nuevos espacios.
5. Hacia la sociedad del aprendizaje
La educación es un sector tradicionalmente poco dado
a novedades y cambios. Seymour Papert nos ofrece una historieta
que
ilustra los diferentes ritmos de cambio en educación y
en la profesión médica:
Imagínense, dice Papert (1993, págs. 1-2), un
grupo de viajeros del tiempo del siglo pasado, entre ellos un
grupo de cirujanos
y otro de maestros, que aparecieran en nuestros días para
ver cómo habían cambiado las cosas en sus respectivas
profesiones
en cien o más años. Piensen en el "shock"
del grupo de cirujanos asistiendo a una operación en un
quirófano moderno. Sin
duda podrían reconocer los órganos humanos pero
les sería muy difícil imaginar qué se proponían
hacer los cirujanos actuales
con el paciente, los rituales de la antisepsia o las pantallas
electrónicas o las luces parpadeantes y los sonidos que
producen los
aparatos presentes. Los maestros viajeros del tiempo, por el contrario,
sólo se sorprenderían por algunos objetos extraños
de
las escuelas modernas, notarían que algunas técnicas
básicas habían cambiado (y probablemente no se podrían
de acuerdo
entre ellos sobre si era para mejor o para peor) pero comprenderían
perfectamente lo que se estaba intentando hacer en la
clase y, al cabo de poco tiempo, podrían fácilmente
seguir ellos mismos impartiéndola.
La moraleja del cuento es evidente: el sistema educativo no
es precisamente un ambiente en el que la tecnología tenga
un papel
relevante para las tareas que allí se realizan. Es más,
sus practicantes, tradicionalmente y salvo honrosas excepciones,
se han
mostrado bastante reacios a incorporar novedades en su estilo
de hacer las cosas. Sin embargo, la actual revolución
tecnológica afectará a la educación formal
de múltiples formas. Así lo señalan los diversos
documentos, estudios, congresos,
etc. auspiciados por la Unión Europea sobre la sociedad
de la información. En casi todos ellos se destaca un hecho
importante:
la sociedad de la información será la sociedad del
conocimiento y del aprendizaje.
Por ejemplo, en el "Libro blanco sobre la educación
y la formación" (Comisión Europea, 1995) se
afirma taxativamente que la
sociedad del futuro será una sociedad del conocimiento
y que, en dicha sociedad, "la educación y la formación
serán, más que
nunca, los principales vectores de identificación, pertenencia
y promoción social. A través de la educación
y la formación,
adquiridas en el sistema educativo institucional, en la empresa,
o de una manera más informal, los individuos serán
dueños de su
destino y garantizarán su desarrollo" (Comisión
Europea, 1995, pág., 16).
Por su parte, un grupo de expertos reunidos por la Unión
Europea ha elaborado unas primeras reflexiones sobre la sociedad
de la información (Soete, 1996). En ellas se considera
a la sociedad de la información como una sociedad del aprendizaje
('learning'), y de aprendizaje a lo largo de toda la vida ('life-long
learning').
En el primer informe anual del Foro de la Sociedad de la Información
a la Comisión Europea (Foro de la Sociedad de la
Información, 1996) se afirma "El cambio [hacia la
sociedad de la información] se produce a una velocidad
tal que la persona
sólo podrá adaptarse si la sociedad de la información
se convierte en la 'sociedad del aprendizaje permanente'".
Hay varias ideas fundamentales sobre el papel de las nuevas
tecnologías en la educación de la sociedad de la
información que
es necesario destacar.
5.1. El ritmo del cambio: aprendizaje a lo largo de toda la vida y cultura general
En primer lugar, el ritmo de cambio de nuestra sociedad es
tan rápido que los sistemas de formación inicial
no pueden dar
respuesta a todas las necesidades presentes y futuras de la sociedad.
Hace años que somos conscientes de que la formación
debe prolongarse durante toda la vida y que el reciclaje y la
formación continuada son elementos clave en una sociedad
desarrollada y moderna. Sin embargo, los importantes cambios que
las nuevas tecnologías están introduciendo en los
puestos
de trabajo han hecho este principio mucho más evidente
que antes. Se están creando nuevos sectores productivos
relacionados con dichas tecnologías, otros se transforman
por la introducción de nuevas formas de organización
y, finalmente,
es posible que desaparezcan muchos puestos de trabajo como subproducto
de la revolución tecnológica. Por eso, en la
sociedad de la información deberán crearse los mecanismos
necesarios para que dicha formación continuada alcance
a la gran
cantidad de personas que, presumiblemente, van a necesitar nuevos
conocimientos, habilidades y destrezas. En este punto, las
nuevas tecnologías tienen un papel relevante, no solo como
contenido de la formación, sino como medio para hacer llegar
dicha formación a sus destinatarios.
El Libro Blanco sobre la educación y la formación
de la Comisión Europea (1995), ante los nuevos retos de
la sociedad de la
información, la mundialización y la civilización
científica y tecnológica, propone una primera respuesta
centrada en la cultura
general como base de futuras especializaciones y aprendizajes
y como "instrumento de comprensión del mundo al margen
de
los marcos de enseñanza" (pág. 28).
"La cultura literaria y filosófica [...] permite
discernir, desarrolla el sentido crítico del individuo,
incluído contra la ideología
dominante y puede proteger mejor al individuo contra la manipulación
permitiéndole descifrar la información que recibe".
(ibid,
pág. 29).
La segunda respuesta general es "desarrollar la aptitud
para el empleo y la actividad", para ello se propone acercar
las
instituciones formativas a la empresa y el mundo del trabajo.
Uno de los peligros de la sociedad de la información
que destacan los expertos es el hecho de dejar el desarrollo de
las
acciones formativas a la iniciativa privada y a las leyes del
mercado. No existe ninguna garantía de que sin intervención
de los
poderes públicos se proporcione la necesaria formación
a los grupos que más la necesitan, sólo a quien
pueda pagarla. En
diversos informes se habla del peligro de una nueva fuente de
discriminación, de una división entre "inforicos"
e "infopobres".
Nuestra sociedad considera la información una mercancía
más, sujeta a las leyes del mercado. Los poderes públicos
deben
garantizar el acceso de todos a la información y a la formación
necesarias para ser unos ciudadanos críticos y responsables.
Ya
poseemos un conjunto de ideas sobre el papel de la escuela pública
como elemento fundamental en la garantía del derecho a
la
educación y a una educación democrática.
Parece evidente que el acceso a la formación a través
de las nuevas tecnologías
debe ser objeto de un tratamiento similar. Los países más
avanzados están realizando esfuerzos importantes a fin
de alfabetizar
a los niños y jóvenes en estas herramientas, porque
consideran que ya son un factor clave para su capacitación
profesional, su
desarrollo personal y, en conjunto, para la economía y
el futuro del país.
5.2. Nuevos entornos de enseñanza/aprendizaje.
Un segundo aspecto, relacionado directamente con el anterior,
hace referencia a la ampliación de los escenarios educativos
(Adell, en prensa). La formación y el reciclaje, en tanto
que elementos estratégicos para la competitividad, estarán
cada vez
más presentes en la vida laboral de los trabajadores. La
formación en el puesto de trabajo o en el hogar (que será
también el
centro de trabajo para muchas personas) se combinarán con
la recibida en las instituciones tradicionales. Estos escenarios
plantean desafíos técnicos y pedagógicos
a los que los profesionales deberemos responder. En primer lugar,
los roles de
profesores, alumnos y personal de apoyo deben adaptarse a los
nuevos entornos. No solo se trata de adquirir conocimientos
generales sobre como usar los nuevos medios, sino también
de las implicaciones de dichos tipos de comunicación en
los
procesos de enseñanza/aprendizaje. Los estudiantes deberán
adoptar un papel mucho más activo, protagonizando su
formación en un ambiente muy rico en información.
Las nuevas tecnologías no sólo van a incorporarse
a la formación como contenidos a aprender o como destrezas
a adquirir.
Serán utilizadas de modo creciente como medio de comunicación
al servicio de la formación, es decir, como entornos a
través
de los cuales tendrán lugar procesos de enseñanza/aprendizaje.
Como señala Martinez (1996, pág 111), "en los
procesos de
enseñanza/aprendizaje, como prácticamente en la
totalidad de los procesos de comunicación, pueden darse
diferentes
situaciones espacio-temporales, tanto en la relación profesor-alumno,
como en relación a los contenidos". Las aulas virtuales,
la
educación en línea, a través de redes informáticas,
es una forma emergente de proporcionar conocimientos y habilidades
a
amplios sectores de la población. Los sistemas asíncronos
de comunicación mediada por ordenador proporcionarán
la
flexibilidad temporal necesaria a las actividades para que puedan
acceder a la formación aquellas personas con dificultades
para asistir regularmente a las instituciones educativas presenciales
debido a sus obligaciones laborales, familiares o personales.
La desaparición del espacio físico en estas nuevas
modalidades de formación creará un mercado global
en el que las
instituciones educativas tradicionales competirán entre
sí y con nuevas iniciativas formativas públicas
y privadas.
Los más entusiastas de los nuevos medios han anunciado
el fin del aula como unidad de acción espacio-temporal
única en
educación y el fin de las institucioes educativas actuales.
Perelman (1992; s.f.), por ejemplo, ha propuesto dedicar los fondos
de la educación pública al desarrollo de recursos
tecnológicos para el aprendizaje y acelerar la muerte (natural)
de la escuela,
una institución, a su juicio, completamente obsoleta. La
linea de su argumentación destaca que el aprendizaje, antes
un proceso
distintivamente humano, es ahora un proceso transhumano en el
que participan "cerebros" artificiales, redes neuronales
y
sistemas expertos, que, entrenados por el conocimiento humano,
interactúan con los alumnos proporcionando conocimientos
"just-in-time". El aprendizaje no es ya una actividad
confinada a las paredes del aula, sino que penetra todas las actividades
sociales (trabajo, entretenimiento, vida hogareña, etc.)
y, por tanto, todos los tiempos en los que dividimos nuestro día.
No se
trata de una tarea infantil de preparación para la vida
adulta y el trabajo: en realidad es una parte cada día
más importante de
muchos puestos de trabajo y profesiones. Las antiguas categorías
("escuelas", "universidades", "bibliotecas"
"profesores",
"estudiantes") dejan de tener sentido en la sociedad
del "hiperaprendizaje", un "universo de nuevas
tecnologías que poseen e
incrementan la inteligencia" (Perelman, 1995, pág.
23), en la que el aprendizaje está en todas partes y para
todo el mundo. Los
edificios escolares deberían ser sustituidos rápidamente
por canales de "hiperaprendizaje" ya que la pericia
está más en la red y
menos en la persona y el aprendizaje se extiende a todo el ciclo
vital. Perelman afirma que invertir en el sistema educativo
actual es como si a principios de siglo hubiéramos pretendido
mejorar las razas equinas para competir con los vehículos
a
motor. Hay momentos en que es necesario hacer cambios radicales
y este es uno de ellos. Las nuevas tecnologías no sólo
están creando sus propios nichos, sino que harán
desaparecer sectores enteros, como ocurre en condiciones de libre
mercado.
La propuesta de Perelman es ayudar a que ocurra de modo rápido,
eliminando las ³muletas² a la institución educativa
(que
califica, no se asusten, como una ³granja colectivista²).
La visión de Perelman es un ejemplo maximalista del
discurso sobre la educación y las nuevas tecnologías
que se está
incubando en el seno de algunos círculos neoliberales norteamericanos.
No es necesario que dediquemos mucho tiempo a la
crítica de este tipo de discurso reduccionista, en el que
educación se asimila a acceso a la información,
en el que se confunde
³información² con ³conocimiento². Un
discurso más influenciado por consideraciones económicas
que educativas. Sin embargo,
el peligro de que las nuevas tecnologías se empleen en
la educación de masas para sustituir formas tradicionales
(y más caras)
de formación es real y se basa sobre todo en argumentos
de tipo económico, no sobre la calidad del resultado. La
visión
"postindustrial", de un proceso actualmente casi "artesanal"
como la educación, no se ha demostrado que aporte otras
ventajas
que bajar los costes. Desde luego, pese a la "deslocalización
de la información" no se muestra cómo se democratiza
el acceso
a una formación de calidad.
Además de discursos neoliberales extremos, orientados
a la venta de libros y a llenar las salas de conferencias, existen
planteamientos más serios. Bosco (1995), por ejemplo, también
ha destacado la importancia de los efectos de la
"deslocalización" del conocimiento y, por ende,
del aprendizaje: las escuelas no son el único lugar en
el que aprenden los niños.
Las nuevas tecnologías han reavivado el interés
por el "aprendizaje natural", tal como es caracterizado
por autores como
Dewey, Papert o Schank, y por utilizar la tecnología para
promoverlo con un menor compromiso para con el lugar en el que
se
produce o cómo se conforma a las expectativas de la institución
educativa. El papel de las escuelas está cambiando y las
nuevas tecnologías pueden "contextualizar" el
aprendizaje, convirtiéndolo en parte de la vida cotidiana.
Esta
"des-institucionalización" de la educación
se une, a juicio de Bosco, a la creciente desconfianza de las
personas con el papel de
las instituciones públicas, derivada de la crisis del estado
del bienestar. Bosco no habla de la desaparición de la
escuela
pública, sino de la creación de nuevos entornos
de aprendizaje:
"El desafío es utilizar la tecnología de
la información para crear en nuestras escuelas un entorno
que propicie el desarrollo de
individuos que tengan la capacidad y la inclinación para
utilizar los vastos recursos de la tecnología de la información
en su
propio y continuado crecimiento intelectual y expansión
de habilidades. Las escuelas deben convertirse en lugares donde
sea
normal ver niños comprometidos en su propio aprendizaje."
(Bosco, 1995, pág. 51).
Esta transformación choca frontalmente con una serie
de concepciones y creencias fuertemente establecidas sobre la
escuela y
la escolarización. Las nuevas tecnologías están
promoviendo una nueva visión del conocimiento y del aprendizaje
(Bartolomé,
1996). Incluidos en este cambio están, sin duda, los roles
desempeñados por las instituciones y por los participantes
en el
proceso de enseñanza/aprendizaje, la dinámica de
creación y diseminación del conocimiento y muchas
de las prioridades de
nuestros actuales curricula.
5.3. Nuevos roles para las instituciones educativas
La deslocalización de la información y la disponibilidad
de nuevos canales de comunicación tendrá efectos
notables en las
instituciones educativas superiores tradicionales. El más
evidente es la globalización de algunos mercados educativos.
Es
posible que, en breve, muchas instituciones compitan en un renovado
mercado de formación a distancia a través de las
redes
telemáticas. La perspectiva tradicional de la educación
a distancia está cambiando a pasos agigantados. Las redes
no sólo
servirán como vehículo para hacer llegar a los estudiantes
materiales de autoestudio (sustituyendo al cartero), sino para
crear
un entorno fluido y multimediático de comunicaciones entre
profesores y alumnos (telementorazgo y teletutoría) y,
tal vez lo
más necesario en la actualidad, entre los propios alumnos
(aprendizaje colaborativo). Clases a través de videoconferencia,
entornos de trabajo en grupo, distribución por línea
de materiales multimedia, etc. serán habituales en la educación
a distancia.
Aplicaciones de este tipo ya funcionan en laboratorios y experiencias
piloto. Ahora sólo es necesario que las infraestructuras
de
comunicaciones lo permitan de modo generalizado.
Las instituciones que ofrecen formación presencial están
comenzando a utilizar las nuevas tecnologías como recurso
didáctico y
como herramienta para flexibilizar los entornos de enseñanza/aprendizaje.
No es descabellado pensar en programas mixtos, en
los que los estudiantes asisten a unas pocas clases y siguen formándose
en sus casas o puestos de trabajo a través de los
recursos por línea de la institución, accediendo
a sus profesores cuando lo necesiten. Este grado de flexibilidad
permitirá que
muchas personas con obligaciones familiares o laborales puedan
seguir formándose a lo largo de sus vidas.
Esta nueva visión está propiciando la aparición
de nuevos tipos de instituciones educativas. Un par de ejemplos
servirán para
ilustrar las posibilidades que ofrecen.
El primero es cercano: la Universitat Oberta de Catalunya3.
Una institución de educación superior a distancia
que emplea la
telemática como elemento clave no solo en la distribución
de materiales de estudio (junto con métodos y materiales
tradicionales como el texto o el video) sino como entorno de comunicación
entre profesores y estudiantes y entre los propios
estudiantes. Una de las características de la formación
a distancia es la sensación de aislamiento de los estudiantes,
que no
disponen de las facilidades de de un campus clásico. LA
UOC ha creado un campus virtual en el que cualquier persona "tienen
acceso no sólo a posibilidades de formación sino
también a toda clase de servicios académicos y no
académicos propios de un
campus universitario" (Ferraté, Alsinay y Pedró,
1997, pág. 238). La red telemática posibilita la
comunicación entre profesores
y estudiantes, entre los propios estudientes, de modo síncrono
o asíncrono, y el acceso a recursos de otras instituciones,
centros y servicios de modo global.
Otro ejemplo, este más radical, del tipo de instituciones
educativas que pueden aparecer con las nuevas tecnologías
como
entorno de enseñanza/aprendizaje es proyecto de la Western
Governors University4. Una universidad fundada por los
gobernadores de 18 estados del oeste de los Estados Unidos y que
no sólo no tendrá campus físico, sino que
no tendrá ni
siquiera profesores propios: contratará la formación
a distancia a otras instituciones y/o empresas, así como
los servicios de
evaluación y certificación de los conocimientos.
La idea de sustituir aulas y laboratorios por entornos virtuales
tiene implicaciones bastante radicales para las instituciones
educativas. Graves (1997) ha señalado que puede utilizarse
la tecnología para desagregar y desintermediar los servicios
que
prestan las universidades y recombinar los componentes resultantes
en "servicios más flexibles que pueden competir en
un 'libre
mercado' educativo" (Graves, 1997, pág. 97). Graves
no solo propone el uso de la Internet y las nuevas tecnolgías
sino la
desagregación de diversos servicios: la instrucción
y la formación de la evaluación y los títulos,
los costes de la instrucción y el
currículum (los ingresos derivados de los programas graduados
financian los de doctorado, minoritarios, especializados y
deficitarios), los diferentes roles de los profesores (instructor,
consejero, evaluador, etc.) y los papeles de "formación
de
masas" de los requerimientos de excelencia docente e investigadora
que se exige a los centros educativos superiores. Graves
aboga por la desaparición de las clases presenciales como
sistema básico de enseñanza/aprendizaje y su sustición
por el
autoestudio y la "intervención estilo Oxbridge 'just-in-time'".
El concepto de Graves se resume en una idea: la meta-universidad.
El papel de esta institución sería la de 'brokers'
(públicos o
privados) de servicios educativos, orientados por un control de
calidad, capaces de ofrecer certificaciones 'agregando'
módulos de formación de muchas fuentes diferentes.
La meta-universidad proporcionaría información a
sus estudiantes sobre
distintas posibilidades de formación a distancia o mixta
presencial/a distancia, de calidad contrastada, autentificaría
las
transacciones entre los estudiantes y los proveedores de formación
y mantendría un registro de la formación adquirida
por los
estudiantes a fin de que éstos pudieran lograr la certificación
de sus conocimientos, bien a través de la propia meta-universidad
o de organismos especializados participantes.
5.4. Nuevos roles para docentes y discentes
Los nuevos entornos de enseñanza/aprendizaje exigen
nuevos roles en profesores y estudiantes. La perspectiva tradicional
en
educación superior, por ejemplo, del profesor como única
fuente de información y sabiduría y de los estudiantes
como
receptores pasivos debe dar paso a papeles bastante diferentes.
La información y el conocimiento que se puede conseguir
en
las redes informáticas en la actualidad es ingente. Cualquier
estudiante universitario, utilizando la Internet, puede conseguir
información de la que su profesor tardará meses
en disponer por los canales tradicionales. La misión del
profesor en entornos
ricos en información es la de facilitador, la de guía
y consejero sobre fuentes apropiadas de información, la
de creador de
hábitos y destrezas en la búsqueda, selección
y tratamiento de la información. En estos entornos, la
experiencia, la
meta-información, los "trucos del oficio", etc.
son más importantes que la propia información, accesible
por otros medios más
eficientes. Los estudiantes, por su parte, deben adoptar un papel
mucho más importante en su formación, no sólo
como meros
receptores pasivos de lo generado por el profesor, sino como agentes
activos en la búsqueda, selección, procesamiento
y
asimilación de la información.
Por otra parte, los nuevos canales abren un frente en los conocimientos
y destrezas del profesor. Debe utilizarlos y ayudar a
utilizarlos a sus estudiantes, como una herramienta al servicio
de su porpia autoformación. De hecho, cada vez en más
Universidades, los profesores atienden sus tutorías también
por correo electrónico, tienen páginas web con los
programas de
sus asignaturas y las lecturas recomendadas (si están disponibles
en formato electrónico) y utilizan los nuevos canales como
medio de comunicación y para reforzar la interacción
del grupo de estudiantes entre sí (por ejemplo, a través
de experiencias
formativas en las que participan estudiantes y profesores de diversas
universidades). Las telecomunicaciones abren
posibilidades metodológicas y didácticas insospechadas.
Los estudiantes de una institución pueden acceder a través
de las
redes a datos, publicaciones, actas de congresos y simposios,
etc. pero también comunicarse con profesores y expertos
de
otras instituciones, con los que intercambiar ideas y opiniones.
Sin embargo, las formas tradicionales de enseñanza (la
"lectio") han resistido perfectamente los embates de
la imprenta y la
fotocopiadora. No sería extraño que resistieran
también a las redes informáticas y los multimedia.
No se trata ahora de
condenar completamente una metodología de enseñanza
que tiene sus virtualidades, se trata de ampliar el tipo de experiencias
formativas de los estudiantes utilizando medios que van a encontrar
por todas partes en su vida profesional y que forman parte
de la cultura tecnológica que lo impregna todo.
5.5. Nuevos materiales de enseñanza/aprendizaje
La digitalización y los nuevos soportes electrónicos
están dando lugar a nuevas formas de almacenar y presentar
la información.
Los tutoriales multimedia, las bases de datos en línea,
las bibliotecas electrónicas, los hipertextos distribuidos,
etc. son nuevas
maneras de presentar y acceder al conocimiento que superan en
determinados contextos las formas tradicionales de la
explicación oral, la pizarra, los apuntes y el manual.
No es necesario explicar las bondades de las simulaciones de procesos,
la
representación gráfica, la integración de
texto, imagen y sonido o de la navegación hipertextual.
En el futuro, este tipo de
soportes serán utilizados de modo creciente en todos los
niveles educativos.
Las herramientas de autor permitirán que los profesores,
además de utilizar materiales comerciales, desarrollen
ellos mismos
sus propios materiales, adaptados al contexto de sus estudiantes.
Un ejemplo del proceso que estamos viviendo es cómo se
están transformando las bibliotecas universitarias. De
simples depósitos de libros y revistas con salas de lectura
anexas, están
pasando a ofrecer múltiples fuentes de información
electrónica. El primer paso fue la adquisición de
bases de datos en CD
ROM, un soporte material para la información que hace que
los bibliotecarios más tradicionales, acostumbrados a "manejar"
objetos, sintieran escasamente amenazados sus puestos de trabajo.
A fin de cuentas, a los CD ROM también se les pueden
pegar tejuelos. Ahora, sin embargo, el paradigma de la biblioteca
electrónica o ³biblioteca sin muros², en la que
las fuentes de
información están en formato electrónico
y almacenadas en dispositivos accesibles en cualquier lugar de
la red informática, se
ha impuesto. Los usuarios acceden a sus servicios a través
de los ordenadores de sus despachos. El ciclo de producción
y
distribución del libro y la publicación periódica,
que pasa del formato digital al analógico, se acortará
cuando se garantice (si
ello es posible: el ejemplo es lo que sucede en la industria del
software) el derecho de copia. Aunque parece inevitable que de
la cadena edición-reproducción-distribución-venta
desaparezcan algunos eslabones.
A la sombra de la explosión informática ha aparecido
toda una industria y un mercado de materiales formativos en soportes
tecnológicos, paralelo a la institución escolar,
que invade las librerías y los quioscos y que ha dado lugar
a un nuevo concepto:
"edutainment", "edutenimiento" o "eduversión",
(Bartolomé, 1996), un híbrido entre educación
y entretenimiento. Sin embargo,
este tipo de productos son típicos de una etapa anterior:
la información es codificada sobre objetos. En el futuro
asistiremos a
una explosión de "edutenimiento" accesible a
través de Internet, previo pago de su importe, naturalmente.
Las grandes
editoriales de materiales educativos ya están en ello.
La importancia de la escuela como fuente de conocimientos no deja
de
disminuir en un mundo de grandes negocios basados en la información
y comunicación.
6. Corolario: Educar es una tarea centrada en el futuro
El primer paso en la integración de toda nueva tecnología
(y creo que este es el momento en que nos encontramos) es intentar
hacer lo mismo que antes, pero con los nuevos juguetes. La Biblia
de Gutenberg es indiferenciable para un neófito de los
manuscritos de los copistas de la época (bien, las ligaduras
entre letras y los finales de línea son diferentes, pero
tampoco
demasiado: los tipos son gruesos, como los escritos a mano). Incluso
se utilizaron abreviaturas características de los copistas,
un indudable inconveniente, pues incrementa el número de
tipos necesarios para la composición. Los primero vehículos
a
motor no eran más que carros sin caballos. El primer cine
era teatro filmado (muy mímico, eso sí, por la falta
de sonido). El
lenguaje cinematográfico, tal como lo conocemos ahora,
se desarrollaría posteriormente. Y cuando apareció
el cine sonoro,
hubo que reinventarlo. No hace falta citar más ejemplos.
Los primeros usos del ordenador en la enseñanza revelan
esta forma
de utilización.
Las redes informáticas nos ofrecen una perspectiva muy
diferente de la del ordenador solitario. En principio rompen el
aislamiento tradicional de las aulas, abriéndolas al mundo.
Permiten la comunicación entre las personas eliminando
las barreras
del espacio y el tiempo, de identidad y estatus (recuerdan aquel
chiste sobre Internet en el que un perro, sentado frente a un
ordenador, le dice a otro que le observa: ³En la Internet
nadie sabe que eres un perro²). Pero, el mayor potencial
de las nuevas
tecnologías de la información en la educación
reside no solo en lo que aportarán a los métodos
de enseñanza/aprendizaje
actuales, como en el hecho de que están transformando radicalmente
lo que rodea a las escuelas, es decir, el mundo. Están
cambiando cómo trabajamos, cómo nos relacionamos
unos con otros, cómo pasamos nuestro tiempo libre y, en
suma,
nuestros modos de percibir y relacionarnos con la realidad y a
nosotros mismos. La disociación entre una escuela oral-libresca
y una realidad externa audiovisual, multimediática, instantánea
y global es un hecho. No debemos sorprendernos de que la
mayoría de los conocimientos que tienen los niños
actuales sobre el mundo provengan de los medios de comunicación
de
masas (cuyo objetivo, no lo olvidemos, no es precisamente educar).
El papel de la escuela como fuente primaria de
información ha desaparecido hace ya tiempo. Sin embargo,
muchos profesores aún no se han dado cuenta.
¿Acaso estamos ante la desaparición de la educación
escolar tal como la conocemos? Todas las instituciones sociales
son
producto de su evolución histórica y de su adaptación
sucesiva a las demandas del medio. Surgieron para cubrir alguna
necesidad y han cambiado con el tiempo, adaptándose a las
transformaciones sociales. Las que no lo han hecho, han acabado
desapareciendo. Piensen, por ejemplo, en nuestra forma de gobierno,
la democracia. La democracia representativa se
"inventó" en una época en la que la manera
más rápida de enviar un mensaje de un lugar a otro
eran las postas de caballos. La
participación efectiva de los ciudadanos de un país
en los asuntos de gobierno tenia que delegarse forzosamente. En
los rasgos
de muchas de nuestras instituciones actuales pueden encontrarse
las limitaciones de los medios de comunicación de la época
en
la que fueron concebidas o alcanzaron su forma actual. Hay algunas
que han evolucionado con los tiempos. Otras, no tanto: tal
vez no han recibido la presión necesaria. La escuela es
una de las últimas.
La "utopía informativa" de la sociedad de
la información es que toda la información esté
al alcance de cualquiera, en cualquier
momento y en cualquier lugar. Acceder, pues, no será el
problema. Aunque habrá que pagar precios de mercado por
ella.
Puede que el verdadero problema de la sociedad de la información
sea la saturación y el ruido en todos los canales, la enorme
cantidad de paja entre la que tendremos que encontrar el grano,
la sobrecarga cognitiva que implica escoger lo importante de
entre la masa de información espúrea. Pero la educación
es más que poseer información: es también
conocimiento y sabiduría,
hábitos y valores. Y esto no viaja por las redes informáticas.
Los profesores tendremos que redefinir nuestros papeles, sobre
todo si seguimos viéndonos a nosotros mismos sólo
como "proveedores de información". Y lo haremos
en instituciones que
asumirán los nuevos canales como medios para proporcionar,
también, los servicios que ahora prestan "presencialmente".
La educación en la sociedad de la información
ha de ser un factor de igualdad social y de desarrollo personal,
un derecho
básico y no únicamente un producto de mercado. Los
grupos de alto riesgo en términos informacionales, los
infoparias, han de
ser objeto de acciones positivas por parte de los poderes públicos.
Debe evitarse que las nuevas tecnologías acrecienten las
diferencias sociales existentes o creen sus propios marginados.
¿Están nuestras centros educativos preparados para
afrontar la
parte que les corresponde de este desafío? ¿Estamos
formando niños y jóvenes para el futuro?
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Notas
* Este artículo es una versión revisada de una
conferencia que tuvo lugar en el marco de un curso de verano de
la Universitat
de les Illes Balears titulado "Tendencias en la sociedad
de las tecnologías de la información". Mi agradecimiento
a Llorenç
Valverde por la invitación a dicho curso y por el permiso
para publicar este texto.
1 Debo esta información a Paloma Garrido, bibliotecaria
de la Universitat Jaume I y experta conocedora no sólo
de las nuevas
tecnologías de la información sino también
de la historia del libro y de las bibliotecas.
2 Por otra parte, tal vez los cambios no hayan sido tan grandes:
sustituyamos "estacionarios" por "compañeros/as
que van a
clase", "copias autorizadas" por "apuntes
pasados a limpio" y "amanuenses" por "fotocopiadoras"
y el resultado es bastante
parecido a lo que todos sabemos.
3 <URL:http://www.uoc.es>