TELEVISIÓN EDUCATIVA: SU EFICACIA Y SUS PRETENSIONES.

Francisco Martínez Sánchez.

Universidad de Murcia.

 

1.- ¿Existe realmente una Televisión Educativa o toda la televisión es educativa?.

A la hora de comenzar a leer un trabajo que gira entorno a un concepto concreto, la primera pregunta que nos surge es la de saber que significa para el autor ese concepto.

Si nos encontramos dentro de un ámbito teórico, esta necesidad parece casi evidente pero por el contrario, cuando la idea sobre la que versa el trabajo es un concepto más o menos generalizado y tangible esa necesidad ya no parece tan imprescindible.

Si pretendo escribir sobre televisión parece claro de que voy a hablar. Podríamos pensar que todos entendemos lo mismo por este término. Si a televisión uno educativa no parece que añada ningún tipo de problema conceptual. A priori podríamos pensar que todos entenderíamos lo mismo por televisión educativa.

Creo que estaría lejos de la realidad si aceptase esa premisa previa.

Comenzaré por el principio.

El principio debe ser, a mi modo de ver, si el ámbito sobre el que pretendo reflexionar existe o no existe, y en el caso de que sea una realidad, donde se ubica y cuales son sus límites.

La televisión, en tanto que medio de comunicación masivo, comparte con todos ellos la trilogía de principios que, por repetida, se acepta como definitoria de este tipo de medios: Formar, informar y entretener. No entraré a analizar cada uno de estos cometidos, estaría fuera de los objetivos de este trabajo, pero si creo necesario matizar el primero de ellos por la proximidad que puede tener al tema que nos ocupa.

Formar, dar forma lo entendemos como el proceso mediante el cual se modela algo en base a unos criterios establecidos. Si aceptamos el término formar, referido a los medios de comunicación, como sinónimo de educación, tendríamos que aceptar que no es que exista una cosa que se llama televisión educativa, es que toda la televisión es educativa.

Podría parecer que estamos ante una función próxima a la que puede ser la de la educación y la enseñanza, en tanto que proceso intencionado, pero a mi modo de ver la distancia que existe es muy significativa.

Cuando en los medios masivos se habla de formar, consciente o inconscientemente, se está haciendo referencia a la idea de formar una opinión en base a la información facilitada, información que, inevitablemente, ha de ser subjetiva, lo que impide la posibilidad de que el receptor cree sus propios significados con los elementos significativos facilitados por el medio.

Por el contrario la acción formativa, entendida desde la educación, pretende el mismo objetivo, pero poniendo a disposición del sujeto que se forma instrumentos de análisis, estrategias de pensamiento y fuentes de información diversas que le permitan establecer su propia escala de valores y significados.

Simplificando mucho, los medios tienen que ver con la imposición de unos contenidos y con ellos unos significados y la educación trata de desarrollar capacidades intelectuales y sociales que hagan posible que de forma individual, cada sujeto asigne significados a lo que le rodea.

No sólo no hay coincidencia sino que diría hay oposición.

Llegado a este punto me vuelvo a plantear la primera parte de la pregunta que encabeza este apartado. ¿Existe realmente una Televisión Educativa?.

Existe unos desarrollos del medio televisión que, de forma genérica, se denominan Televisión Educativa, y que responden al perfil de ser acciones que utilizan el sistema tecnológico de la televisión, en tanto que canal y medio de comunicación y que tienen una intencionalidad educativa en el sentido escolar, dando lugar a unos procesos singulares y muy diferentes de los presenciales, por lo que no deben confundirse estas aplicaciones de la televisión con la incorporación de la misma al aula, confusión que nos lleva a plantearnos la segunda parte de la pregunta inicial.

¿Toda la televisión es educativa?. Evidentemente la televisión, como cualquier medio de comunicación que mediante un código establecido, (tanto por similitud como por convención), contiene información relevante con relación a cualquier tema, puede ser utilizada dentro de un diseño curricular concreto con intenciones educativas. Esta afirmación dista mucho de que generalicemos diciendo que la televisión, por sí misma, puede ser educativa. Es el contexto en el que se inscribe lo que le da sentido y significación pedagógica, no el medio.

Tratando de concretar diré que existen unas acciones con intención educativa que utilizan la tecnología de la televisión para salvar la distancia que separa a los alumnos de los centros convencionales de formación y que a estas acciones se las denomina Televisión Educativa. En segundo lugar, y como algo totalmente distinto a lo anterior, todo programa de televisión puede ser educativo en la medida en que se incorpore, conscientemente y con las funciones didácticas que se le asigne, a un diseño curricular concreto. Esta segunda apreciación deja fuera, como veremos mas adelante, la televisión en tanto que canal en sentido estricto.

Tenemos por tanto dos formas de entender el concepto de Televisión Educativa y, por tanto, dos formas de contemplar sus peculiaridades y características desde la Pedagogía.

Si analizamos las dos con perspectiva podemos encontrar su justificación última en razones tecnológicas y la confusión terminológica en el hecho de utilizar la misma denominación para dos tecnologías de la comunicación que teniendo algo en común, son distintos.

Utilizamos el termino televisión tanto para referirnos al sistema de transmisión y recepción de imágenes y sonidos sincrónicos a distancia como para el sistema de reproducción y visualización de imagen y sonido mediante VTR, si bien últimamente y de forma incorrecta se esta generalizando el uso del término vídeo para la denominación de este último.

Evidentemente se trata de dos medios que si bien tienen algunos elementos tecnológicos coincidentes son comunicativamente muy distintas.

Al hablar de Televisión Educativa, generalmente, nos referimos a los dos sistemas tecnológicos y con ellos a las dos aplicaciones didácticas.

Veamos cada uno de ellos.

 

2.- Cómo canal/sistema de enseñanza.

Comenzaré por la Televisión Educativa entendida como sistema de enseñanza a distancia y que responde a planes perfectamente diseñados de formación reglada, en campos concretos del conocimiento y que utiliza el medio televisión como un instrumento más para tratar de aproximarse a los alumnos.

Como decía, en este caso la televisión trata de superar la distancia física entre emisores y receptores, a la vez que acerca determinados contenidos. Esta idea de Televisión Educativa tiene que ver con la enseñanza a distancia y todo lo que conceptual y metodológicamente ello significa. Desde este uso educativo adquiere todo su significado y justifica plenamente su incorporación al aportar sus capacidades comunicativas y de superación de distancias físicas.

 

 

2.1.- Los sistemas de Televisión Educativa.

Los sistemas de Televisión Educativa se han desarrollado, básica y originariamente, para tratar de atender a una población muy dispersa físicamente, numerosa y en lugares donde los recursos económicos no permitían o no aconsejaban el establecimiento de unos sistemas presenciales, pretendiendo mejorar los sistemas convencionales de enseñanza a distancia, conocidos y utilizados desde que su creador, San Pablo, los institucionalizó por medio de sus epístolas.(Tiffin y Rajasingham,1.997)

Se trató y aún hoy en parte se trata de sistemas planificados, formalizados de enseñanza, que vienen a complementar organizativamente los sistemas escolares presenciales y que permiten acceder a la enseñanza a sujetos que, o bien tendrían que utilizar los sistemas convencionales de la enseñanza a distancia, con las limitaciones que los mismos tienen, o no podrían hacerlo sin este medio tecnológico.

Estamos por tanto ante sistemas complementarios y no sustitutorios de los sistemas presenciales.

Pretendiendo de conocer mejor este sistema de enseñanza, trataré de hacer una revisión del mismo desde tres aspectos complementarios:

a.- Sus funciones.

b.- Características formales.

c.-Objetivos.

 

a.- Sus funciones.

a1.-Con relación a las situaciones geográficas.

La primera función de la Televisión Educativa es, como decía más arriba, la de facilitar el acceso a la enseñanza formal a sujetos que, por razones fundamentalmente geográficas, no pueden asistir a los centros presenciales.

Este criterio general tiene algunas ampliaciones que, pudiendo parecer diferentes, son extensiones del primero.

Una función de la Televisión Educativa relacionada con la situación geográfica tiene que ver no tanto con los alumnos como con los profesores. La puesta en funcionamiento de un sistema presencial generalizado con niveles de calidad aceptables no siempre es posible, no solamente por las limitaciones económicas de los países, sino por la falta de profesionales docentes formados adecuadamente. Si se unen las dos variables nos encontramos antes sistemas escolares que, en un número significativo de sus centros, se apoyan en profesionales con una muy escasa formación pedagógica, y que precisan de un importante apoyo en el desarrollo de su función, a lo que hay que unir la escasez, en estos centros, de medios didácticos. En estas situaciones, la Televisión Educativa, facilita un apoyo didáctico y material al profesor, el cual pasa a cumplir una función de tutor o consultor. La Telesecundaria mexicana puede ser un ejemplo de lo que digo.

 

 

a2.-Con relación a las situaciones sociales.

Una segunda función de la Televisión Educativa tiene que ver con la situación social de las diferentes comunidades, tanto desde el punto de vista económico, como cultural o personal.

La atención a las necesidades educativas de grupos sociales minoritarios es otra de las funciones de este sistema de enseñanza, haciendo posible el acceso a contenidos singulares de colectivos que por medio de los sistemas formales no sería posible. Comunidades religiosas, grupos con cultura singular, sujetos que por razones personales (fisiológicas, familiares, etc) no pueden asistir a los centros presenciales, etc., son algunos de los grupos humanos que son atendidos desde la Televisión Educativa. En muchas ocasiones se trata de un complemento del sistema presencial.

 

a3.-Con relación al acceso a enseñanzas muy específicas.

Una última función de la Televisión Educativa tiene que ver con los contenidos. La oferta de contenidos muy específicos, que interesan a grupos minoritarios y muy dispersos es, en estos momentos, la función que está adquiriendo un mayor desarrollo con la incorporación de redes telemáticas unidas a la televisión convencional.

La necesidad de una actualización profesional continua exige poder disponer de una oferta de formación profesional muy específica y permanente que de respuesta a la demanda. Los "alumnos" de esta Televisión Educativa son profesionales dispersos por la geografía, no sólo de un país, sino de un continente. Se trata de "alumnos" que disponen de un horario muy reducido, que están muy motivados para aprender y que precisan unos contenidos muy concretos. Todos estos factores unidos hacen que sea la televisión el medio de comunicación que les permita obtener respuesta a sus demandas. Ejemplo de esta función de la Televisión Educativa pueden ser los sistemas de formación de profesores en Chile por TELEDUC o algunos desarrollos de la Universidad Virtual del Instituto Tecnológico de Monterrey en México.

 

b.- Características formales.

El segundo aspecto de la Televisión Educativa tiene que ver con cuestiones formales de la misma y que, posiblemente, sean lo más visibles externamente.

La televisión, como cualquier medio de comunicación, tiene unas formas de presentar sus contenidos, su información. Formas que van desde los aspectos semánticos, de significado, a aspectos estéticos o de forma material. La Televisión Educativa, en la medida en que comparte con la televisión sus peculiaridades técnicas, no puede evitar compartir las materiales, lo que, si bien la condiciona, también le permite poder cumplir algunas de sus funciones específicas.

 

 

b1 -Formas de difusión:

Una primera característica tiene que ver con las formas de difusión. La televisión puede ser en directo o en diferido. La Televisión Educativa, puede igualmente emitirse en directos, con el profesor (presentador, ponente, entrevistado, etc.) en el estudio en el momento de la emisión o bien producir el programa para su posterior emisión.

Cada una de estas posibilidades tienen implicaciones con relación a las posibilidades metodológicas y a las características e intereses de los "alumnos".

A la emisión en directo se suele unir la posibilidad de la interacción en tiempo real con el profesor. Digo se suele unir conceptualmente, ya que de hecho no deja de ser sólo una posibilidad técnica, sin ningún tipo de posibilidad real. Pueden montarse demostraciones que ponga de manifiesto esta virtualidad de la Televisión Educativa en directo pero sin que sirvan para demostrar nada real. Incluso añadiría que la posibilidad de la interacción de la Televisión Educativa en directo encierra una seria contradicción conceptual con la idea de la Televisión Educativa. No puede diseñarse un sistema de enseñanza que entre sus objetivos figura el de atender a una población importante y dispersa y, a la vez, pretender que esa misma población pueda interactuar en tiempo real durante la emisión de la clase con el profesor.

Esta posibilidad técnica tiene todo su valor en los sistemas de teleconferencias, sistema de enseñanza que nada tiene que ver con la Televisión Educativa.

Otra peculiaridad de la televisión educativa en directo es la "frescura" de las presentaciones y la posibilidad de la improvisación e incorporación inmediata de contenidos o decisiones metodológicas en base a la novedad o demanda. Por el contrario la realización es poco flexible debiendo ajustarse a un guión previamente decidido.

La televisión educativa gravada y posteriormente emitida tiene la virtualidad de la flexibilidad durante su realización, permitiendo tomar decisiones sobre la totalidad del programa y sobre cada uno de sus aspectos mientras se está en esa fase. Por el contrario queda "bloqueado" una vez concluido. La flexibilidad se extiende a la posibilidad de emisiones parciales de programa, a la recuperación de imágenes concretas, a la repetición de partes que se considere significativas, etc. así como a su emisión repetida las veces que se crea oportuno.

b2-Formas de presentación:

Otra cuestión técnica que tiene que ver con la Televisión Educativa, y que repercute en su función pedagógica es la forma de presentar la información, la forma de presentar los contenidos.

Básicamente existen dos modelos. El primero trata de reproducir el espacio escolar presencial, en tanto que el segundo trata de hacer un programa de televisión.

La Televisión Educativa entendida como una sustitución de la enseñanza presencial, lleva en muchas ocasiones a presentar por este medio el espacio del aula que trata de aproximar a los alumnos, haciendo uso de la clase magistral, llegándose a gravar clases presenciales para su posterior inclusión en una programación de Televisión Educativa.

Si bien puede parecer en un principio que esta posibilidad entra en contradicción expresiva con el medio desde un punto de vista pedagógico puede tener todo su significado y valor en aquellas situaciones donde lo importante son los contenidos, bien por su especificidad y nivel, o bien por la persona que los presenta. Me refiero, como puede deducirse, a cursos de muy alta especialización donde la motivación y las necesidades comunicativas están mas que suplidas por el interés del "qué" y "quién" del cuestionario de Lasswell. Por el contrario, cuando no se den estas circunstancias, esta forma de presentación no parece la mas adecuada.

En el otro extremo de las posibilidades expresivas está el uso de los sistemas de presentación propios del medio televisivo. Este planteamiento se acerca mas a lo que debe ser la coherencia entre el medio utilizado y la forma de presentación o "código" utilizado.

La utilización de los recursos expresivos del medio para captar la atención, focalizar el interés, motivar, etc. son algunas de las posibilidades de esta forma de presentación. Por el contrario se puede correr un doble riesgo. De un lado la posibilidad de trivializar excesivamente los contenidos en aras de una presentación mas "televisiva" y de otro el que el receptor-alumno, adopte la actitud de estar viendo un programa de televisión y no un programa de Televisión Educativa, cuestión esta última sobre la que volveré más adelante.

Esta forma de presentación tiene su mayor interés en las situaciones en las que es necesario captar la atención y simplificar el proceso de adquisición de los contenidos, tanto como consecuencia de la complejidad en su relación con el nivel sobre el que se pretende actuar, como con el desinterés inicial que por los mismos pueden tener los alumnos.

 

b3-Interacción: Materiales complementarios.

Ya me he referido a la interacción, pero creo que es necesario retomar la idea en este momento. Dice Virilio (1.997, 48) que "... la interactividad es el fin de la televisión". Posiblemente tiene razón al referirse al medio televisión, pero si nos limitamos a la manifestación de esta que denominamos Televisión Educativa, la afirmación del pensador francés, no sólo no sería exacta, sino que no sería posible.

Un proceso educativo, independientemente del sistema que se elija, ha de ser inevitablemente interactivo, bien con el profesor, o los contenidos, o la aplicación de estos, o la conducta propia, o con todos ellos a la vez.

La interacción debe interpretarse como un tipo de proceso comunicativo en el que el emisor de un mensaje recibe una respuesta singular y acorde con las demandas planteadas. Es en la singularidad y originalidad de la respuesta donde radica su diferencia con otras situaciones comunicativas.

Si afirmaba que la Televisión Educativa ha de ser interactiva y, un poco más arriba, decía que esta posibilidad entra en conflicto con la idea de tal televisión, puede parecer que me contradigo.

La Televisión Educativa no sólo son una serie de programas que se emiten a una determinada hora, por un determinado canal y de acuerdo a una programación preestablecida. Esto es la parte más espectacular y visible de este sistema de enseñanza a distancia.

Para que la Televisión Educativa pueda ser denominada como tal debe completarse con otra serie de medios que le permitan adaptarse a las necesidades singulares de los diversos alumnos, a la par que le faciliten a estos el trabajo reflexivo, le permitan el estudio y le obliguen a una participación activa en su proceso de aprendizaje.

Básicamente se trata de materiales impresos que acompañan a las emisiones de televisión y que contienen, junto a un desarrollo de los contenidos de los programas, propuesta de actividades a realizar, materiales de autoevaluación, fuentes para la ampliación de los contenidos presentados, etc.. Materiales todos ellos que permiten un cierto grado de interacción de cada uno de los alumnos, tanto con los contenidos, como con los autores de los programas, o con su propio proceso de aprendizaje.

Este tipo de materiales se les denomina complementarios sin que ello signifique que complementan a los programas de televisión. La Televisión Educativa es el resultado de las emisiones de televisión y los materiales complementarios, sin ningún tipo de orden ni de prioridad.

En ocasiones, a estas posibilidades interactivas, se une la figura de un profesor tutor, bien próximo, bien remoto y que empiezan a tener todo su significado en los desarrollos telemáticos a los que referiré más adelante.

 

c.-Objetivos.

Los objetivos más generalizados de la Televisión Educativas tienen que ver bien con un intento de mejorar los sistemas presenciales, bien con la ampliación física del sistema educativo formal.

Con relación al primer objetivo, ya desde mediado de los 70 se pudo constatar el escaso impacto en la mejora de la calidad al incorporar a las aulas presenciales la Televisión Educativa.(Tiffin y Rajasingham, 1.997)

Es en el intento político de la extensión física del los sistemas escolares donde la Televisión Educativa tiene una más clara función.

India, Niger, El Salvador, México, son alguno de los ejemplos que nos pueden servir para ejemplificar este objetivo.

En todos los casos subyace la idea de favorecer el logro de una teórica igualdad de oportunidades escolares, independientemente de la ubicación geográfica o situación social de los individuos.

Posiblemente sea en este objetivo en el que se han logrado los mayores éxitos y, también, los resultados que cuestionan la necesidad de la Televisión Educativa como sistema de enseñanza a distancia.

Los resultados de la evaluación de la Telesecundaria mexicana, concretamente en la zona del Popocatepetl, en la que alumnos que por razones geográficas sólo recibían el sonido de los programas obtenía mejores resultados que aquellos que recibían la imagen y el sonido, ponen en entredicho el sistema como tal y un a modo de principio didáctico que lo sustenta y que está por demostrar.

La justificación didáctica de la Televisión Educativa, mas allá de las cuestiones de política, economía y sociología de la educación apuntadas y al igual que buena parte de los medios audivisuales se apoya en afirmar que cuanto mayor sea el número de sentidos por los que se recibe una información más fácilmente puede ser entendida y aprendida.

No hay ninguna demostración experimental que apoye tal principio, mientras que si lo hay de lo contrario. No por que existan más canales sensoriales implicados en un proceso de comunicación este se "mejora" desde el punto de vista educativo. Las capacidades perceptivas y de atención humanas son limitadas y la dispersión sólo comporta dibilitamiento. Sólo en la medida en que la información recibida por los diferentes sentidos sea significativamente complementaria para el receptor la diversidad será útil. El ejemplo de Popocatepetl, entre otros, así noslo confirma

El que este principio no demostrado sea un objetivo didáctico de la Televisión Educativa puede parecer que pone en evidencia el sistema, pero creo que, por el contrario refuerza las funciones de política educativa del mismo y el objetivo de facilitar una oportunidad educativa a sectores de población con problemas de la naturaleza de los apuntados anteriormente, más allá de la singularidad didáctica de la televisión.

 

Dicho todo lo anterior podríamos en este punto diferenciar entre televisión cultural, televisión educativa y televisión escolar, ya que se utilizan con frecuencia como sinónimos y, si bien todas ellas gozan de algunos elementos comunes, son mas los que las diferencian. No entraré a hacer una justificación profunda de esta diferenciación, no creo que sea pertinente, pero por el contrario si lo creo necesario para que se tenga una idea clara de que estamos hablando. En el cuadro adjunto he resumido mi forma de entender cada una de estas manifestaciones de la televisión.

 

TELEVISIÓN EDUCATIVA:

 

T. Educativa:

Contenidos extracurriculares con relación al sistema escolar.

Objetivos pedagógicos.

Planteamientos didácticos.

 

T. Escolar:

Contenidos curriculares propios del sistema escolar.

Objetivos pedagógicos.

Planteamientos didácticos.

 

REQUIERE:

Predominio del diseño didáctico sobre el diseño televisivo.

Secuenciación flexible.(Hacer posible una cierta participación de los usuarios en su estructura).

Medios y materiales complementarios.

Difusión previa de la temática y contenido a emitidos.

Medios y materiales complementarios.

Difusión previa de la temática y contenido a emitir.

Dirigido a un público concreto y predefinido.

 

TELEVISIÓN CULTURAL:

 

Contenido amplio.

Objetivos de divulgación y entretenimiento.

Planteamientos propios de la televisión.

Se completa en sí misma.

 

 

2.2.- La evaluación de la Televisión Educativa.

Hablar de un modelo de acción didáctica incluye dentro de él la evaluación, no como una acción finalista, sino entendida como una fase del modelo que ayuda a tomar decisiones.

La Televisión Educativa no puede ser algo diferente y por ello obliga a ver la evaluación como proceso singular que la aproxima y diferencia a la vez de otros modelos didácticos.

Existe una tradición evaluativa en el campo de las aplicaciones tecnológicas a la enseñanza que ha tenido una presencia constante en la investigación sobre medios, y que si bien ha decaído en los últimos años, aún sigue teniendo sus seguidores. La traigo pues como restos del pasado mas que como línea a seguir.

Se trata de evaluar la metodología en función del aprendizaje logrado y comparar este con el obtiene con otro modelo didáctico, fundamentalmente una clase magistral. Los resultados que pueda dar la comparación no tienen mayor significado ya que como nos recuerda R. Clark(1.984) se están comparando cosas muy diferentes y por tanto no es posible, técnicamente, dicha comparación. Con cualquier sistema se aprende, posiblemente de manera diferente, pero se aprende. La pregunta por tanto no es cual es mejor si la Televisión Educativa o el otro sistema comparado. La pregunta sería, que tipo de aprendizaje es posible con la Televisión Educativa.

Existen otros aspectos del sistema de enseñanza del que venimos hablando que, dada la singularidad de este, no podemos obviar. Recientemente hemos concluido un trabajo de evaluación de la Televisión Educativa Iberoamericana (Martínez y otros, 1.998) en el que hemos contemplado buena parte de esos aspectos a los que me refiero.

La evaluación de los programas y los materiales que los acompañan, la evaluación de los profesores-usuarios, de los alumnos, de los difusores, etc., proporcionan criterios que tienen que ver con aspectos técnicos, didácticos, económicos, políticos, estéticos, etc., ya que son todos ellos juntos los que hacer la Televisión Educativa.

Todo lo dicho me lleva a concluir que, en nuestro caso, la evaluación debe contemplar, por un lado, el tipo de aprendizaje que proporciona, y de otro, los aspectos materiales que los configuran.

 

2.3.- Los nuevos modelos de Televisión educativa.

No puedo dejar de hacer referencia, antes de concluir este apartado, a las nuevas tendencias en la televisión y, por extensión, a las nuevas tendencias en la Televisión Educativa.

Si bien la televisión, en tanto que canal de comunicación, tiene la peculiaridad de superar grandes espacios y permitir las comunicaciones a grandes distancia, el hecho real es que esa capacidad no deja de ser limitada cuando se utiliza para ello redes herdzianas. El empleo de satélites de comunicaciones ha paliado en parte esa limitación, pero aun y así la limitación existe.

El logro de la digitalización de la señal televisiva, la posibilidad de comprimir esa señal y el desarrollo de las nuevas redes de comunicación, todo ello unido a la proliferación de sistemas multimedia, está permitiendo a la televisión iniciar un camino que, sin duda, tendrá su proyección en la Televisión Educativa.

¿Que va a caracterizar a la nueva Televisión Educativa?. Es muy arriesgado hacer predicciones en un campo en el que la tecnología cambia permanentemente y cada vez a mayor velocidad, pero pese a ello me arriesgaré a hacerlo.

La Televisión Educativa que se ve en el horizonte tiene como primera característica la globalización. La oferta surgirá de cualquier lugar del planeta y podrá "consumirse" en cualquier otro. Esta posibilidad es sólo teórica ya que no todos los países del mundo se encuentran en una etapa de desarrollo tecnológico, no ya aproximada, sino ni en la etapa, por lo que la oferta solamente podrá surgir de un número muy pequeño de países, los cuales podrán imponer sus criterios educativos por este medio.

Esta posibilidad amplia sensiblemente problemas culturales que intervienen en el proceso comunicativo y de los que me ocuparé.

La segunda característica presumible tiene que ver con la flexibilidad. La tendencia tecnológica está dirigida a que los programas que se desean ver se depositen íntegros en los receptores multimedia y que el usuario los visiones cuando considere oportuno y al ritmo que desee. Esta posibilidad puede tener gran interés para nuestro ámbito de trabajo, pero sobre sus consecuencias pedagógicas sólo podemos decir en este momento que hará a la Televisión Educativa más flexible y le conferirá una característica que, en la enseñanza a distancia, sólo era patrimonio de los materiales impresos. Esta posibilidad permite la interacción real del alumno con los programas de televisión

Pero las redes telemáticas y los sistemas multimedia aportarán a la Televisión Educativa la posibilidad tecnológica de una interacción permanente profesor-alumno, pudiendo este profesor estar situado en cualquier lugar del mundo. He dicho posibilidad tecnológica, ya que realmente no creo que ello sea posible ni deseable, tanto desde un punto de vista profesional como pedagógico.

Con estas peculiaridades y alguna otra que por no extenderme en este punto dejo en el tintero, se abre una nueva modalidad de la enseñanza a distancia que yo denominaría como teleenseñanza ya que nada tiene que ver con aquella tanto desde la contemplación de la distancia en tanto que magnitud física y poco tiene que ver didácticamente, con aquella.

Para terminar este apartado quiero hacer referencia a un problema que la nueva situación traerá inevitablemente. La globalización de la oferta lleva unido a ella un necesario control social de la misma, ya que estamos hablando de educación y la educación, fundamentalmente ha de transmitir valores y no todos los valores son admitidos por la totalidad de la sociedad. No quisiera que lo dicho se entienda como la necesidad de implantación de una censura educativa, se trata nada mas y nada menos que de la necesidad de preservar los valores que cada grupo social se ha dado, independientemente de cuales sean estos, tal como hacen los sistemas educativos en todo el mundo hoy, "evitando" la "contaminación" con principios que no corresponden al grupo.

 

3.- La Televisión Educativa como medio didáctico.

Tal como decía al principio, la segunda acepción de Televisión Educativa es la que hace referencia a los programas de televisión, que en soporte vídeo y rara vez en directo, son integrados dentro de diseños curriculares de enseñanza presencial.

La televisión se transforma en un medio didáctico, en sentido estricto, que es capaz de mostrar determinados contenidos con una forma de representación diferente a las que utilizan otros medios, dejando de interesar su peculiaridad de superación espacial entre profesor y alumno y manteniendo el interés por los contenidos y la superación por esto del espacio y el tiempo.

La Televisión Educativa, en esta acepción, no la hace el emisor, la televisión la hace educativa el receptor, el usuario final, independientemente de la estructura y la intencionalidad del emisor.

Si admitimos la idea de que, desde esta perspectiva, rara vez un programa de televisión va a ser utilizado dentro de espacios curriculares durante su emisión, tendremos que admitir que un programa de televisión, no es, ni más ni menos, que un medio didáctico en manos de un docente, que decide integrarlo dentro de un diseño curricular concreto que él ha creado para una situación singular y en el que ha de cubrir una función determinada que también él ha decidido, mas allá de la idea con la que ese programa se realizó, pasando a sus manos el control del mismo.

Si se asumen los criterios que apuntaba más arriba, debemos deducir de ellos que la Televisión Educativa, en su segunda acepción, la hace educativa el profesor, como usuario final y no la intencionalidad de los emisores. Sólo en la medida en que exista un profesor y la emplee con esa intencionalidad, integrándola dentro de un diseño curricular, la Televisión Educativa existirá, de lo contrario su existencia es, cuando menos, discutible.

Es el profesor quien hace que la televisión tenga carácter educativo, significación y valor didáctico, independientemente de su estructura y contenido. Se le puede facilitar esta tarea creando programas que se aproximen a las posibles necesidades de los profesores, de forma que puedan participar en la solución de los problemas didácticos, pero en cualquier caso todo dependerá del profesor usuario final de este producto.

Cualquier programa de televisión puede tener un valor educativo en la medida en que se integre dentro de un diseño curricular, cumpliendo una función concreta previamente definida por el docente, la cual deberá ser evaluada al finalizar el proceso.

La televisión, en este caso, ha adquirido su valor didáctico por medio de la acción del profesor. Un telediario en sí mismo no es educativo, la televisión por sí sola no puede ser educativa, no reúne los elementos necesarios para serlo, pero sí puede aportar elementos para determinadas acciones educativas.

Todo lo dicho no debe interpretarse en el sentido de que todo los programas que se emiten por un canal de televisión pueden, desde una perspectiva didáctica, tener las mismas potencialidades . Es evidente que determinados programas, por el tipo de contenidos, por su estructura narrativa, por el lenguaje utilizado, etc. estarán más próximos de los intereses escolares, entendidos estos en su acepción más amplia, que otros que traten temas más lejanos.

Podría aceptar la posibilidad de establecer una programación de carácter educativo, cuyo objetivo fuese facilitar a los docentes materiales televisivos que, utilizando los recursos comunicativos de la televisión, le aproximen temas que le son lejanos por diferentes razones, pero estaríamos ante un sistema de distribución de materiales y no otra cosa.

 

3.1.- De que hablo cuando hablo de medios didácticos.

En este punto y antes de avanzar es necesario que realice algunas puntualizaciones sobre lo que, a mi modo de ver, debe entenderse en estos momentos por medio didáctico.

El medio debemos entenderlo, de forma genérica, formado por dos partes inevitablemente unidas. De un lado la máquina, lo material y de otro, los programas, los contenidos. Ninguno de ellos por separado tiene sentido.

Al incorporar cualquier medio de comunicación a la enseñanza debe producir o debe ayudar a que se produzca, al menos teóricamente, aprendizaje en los receptores, pero ello no significa que su incorporación haya seguido criterios didáctico o haya tenido repercusión didáctica en el diseño curricular en el que se insertó. El hecho de añadir un medio a un diseño concreto no asigna a aquel el carácter de didáctico. Podríamos argumentar que la intencionalidad educativa de su incorporación transforma al medio de comunicación en medio didáctico. Es una justificación muy pobre y que difícilmente se sostiene. La intencionalidad no transforma ningún elemento de los que configuran al medio ni este transforma el diseño en el que se inserta. Lo dicho no debe entenderse como que este tipo de medios no colabore a la enseñanza, muy al contrario estos medios, en cualquier situación en la que se contemplen, siempre proporcionan a los receptores un determinado tipo de información y por tanto pueden producir un determinado tipo de aprendizaje. Pero un medio didáctico es otra cosa.

Al concepto de medio en general, el medio didáctico debe añadir, al menos, dos características que le va a dar ese matiz de didáctico: En primer lugar hay que añadir la necesidad de que el medio, por su configuración, obligue al profesor a reflexionar sobre su realidad educativa concreta y, como consecuencia de ello, descubrir cuales son sus necesidades reales con relación a ese medio, que es lo que pide de él, que lugar va a ocupar dentro de su diseño, que función va a cubrir y cuales son las modificaciones metodológicas que tiene que introducir y por tanto que tipo de previsiones debe considerar. Esto significa que el medio, tal como llega a las manos del profesor, no puede o no debe ser empleado por el profesor.

En segundo lugar en medio debe permitir hacer realidad los resultados de la reflexión anterior, de tal forma que el profesor pueda realizar las manipulaciones que considere oportunas con el fin de ajustarlo a sus planes reales.

Por último hay que hablar de las aportaciones del medio como tal al proceso comunicativo didáctico. Básicamente nos aporta una función que tiene dos vertientes. Los medios ayudan a la superación de la distancia física, distancia física entre los interlocutores (la Televisión Educativa podría ser un ejemplo) o distancia física con los contenidos. Es esta segunda acepción la que contemplaré a partir de este punto.

Dicho lo anterior veamos al televisión como medio didáctico.

 

3.2.- La televisión como medio didáctico: Problemas previos a considerar.

Si bien he dicho que el profesor hace a la televisión educativa también es verdad que, la televisión condiciona la forma de hacer de aquél.

La televisión como medio de comunicación, tiene unas peculiaridades, impone unas formas singulares que el docente no puede obviar y que en ocasiones se olvidan.

La percepción que de la televisión tiene el alumno en el aula es la misma que la que ha desarrollado a lo largo del tiempo dentro de sus espacio familiar. La televisión se asocia a situaciones de relajo y descanso.

El medio televisión es percibido por el alumno como un medio "fácil", sencillo de decodificar y con el que por tanto es muy fácil aprender. Los trabajos de Salmon(1.992), Cabero(1.993) así lo atestiguan. Según estos estudios, el alumno, en función de su valoración didáctica del medio, de las exigencias que, según su forma de entenderlo y valorarlo, le va a imponer el medio para poder aprender con el, pone en "funcionamiento" mayor o menor esfuerzo o AIME (Amount Investment of Effort), como lo bautizó Salomon.

Este hecho nos obliga a pensar en algún tipo de actuación anterior a la incorporación de la televisión al aula.

Las posibilidades de aprender por medio de la televisión, en tanto persista una percepción del medio como medio sencillo y que no requiere esfuerzo, son muy bajos, por lo que su "rentabilidad" didáctico puede ser cuestionada.

Dos alternativas podemos plantear en este momento. En primer lugar existe la posibilidad de sacar al alumno de esas creencias creando las condiciones favorables para que tengan un cambio de actitud. El procedimiento pasa por establecer exigencias con relación a los contenidos que se presentan mediante este medio y sobre las cuales el alumno está advertido previamente, bien por medio de unos materiales que han de completarse con dichos contenidos, bien con exposiciones preparatorias.

La otra posibilidad pasa por dar al medio una función meramente motivadora. Esta función, la mas generalizada de las que los profesores asignan a la televisión (Martínez, 1.992), Cabero, 1.998), si bien es una de las que puede cubrir el medio, no creo que sea la más interesante, ni tampoco aquella que tiene una mayor relación con las posibilidades comunicativas y expresivas de la televisión. Asignar exclusivamente esta función es empobrecer la rentabilidad del medio y cerrar otras posibilidades, ya que las formas de uso iniciales van a permanecer a lo largo del tiempo, planteando muy serias dificultades para su cambio.

Junto a esta cuestión de carácter psicológico, existe otra cuestión de carácter comunicativo que tiene una gran importancia dentro del proceso de integración de la televisión en los diseños curriculares.

Estamos ante un medio cuyos mensajes pasan en el tiempo, planteando problemas el volver sobre ellos. Al igual que antes de la aparición de la imprenta ocurría con la difusión de la información por medio de la comunicación oral, la televisión es, en este momento, un medio no muy favorecedor de la reflexión sobre sus contenidos por parte del receptor. El hecho de pasar en el tiempo impide la posibilidad, necesaria para el análisis personal, de volver sobre los contenidos las veces que se considere necesario. Puede pensarse que con los sistemas de VTR esa posibilidad existe. Efectivamente la posibilidad tecnológica existe pero es prácticamente inútil dentro del aula, donde cada alumno podría pedir la revisión de un momento diferente. En estos casos sólo es posible la revisión según el criterio del profesor o de forma autónoma por los alumnos en la biblioteca.

Si el pensamiento reflexivo, el análisis y valoración de los contenidos, son objetivos que están en los fundamentos de la educación, la televisión no parece el medio ideal para cooperar a su logro.

La integración didáctica de la televisión, independientemente de la función que se le asigne dentro del diseño curricular en el que se enmarque, obliga al profesor a crear los entornos necesarios para superar estas importantes limitaciones psicopedagógicas, bien creando un ambiente adecuado de atención, diseñando guías de observación de los programas videográficos, desarrollando materiales impresos complementarios distintos de los que hablé a la hora del hablar de la Televisión Educativa, etc., sin los cuales este medio no tiene sentido, su justificación didáctica muy cuestionable y su uso queda en una cuestión anecdótica o de relajo, uso este último que podría entenderse en algún momento concreto.

Sin dejar de tener importancia lo apuntado para la integración didáctica de la televisión, creo que es en la evaluación de los contenidos recibidos por medio de la misma donde deberíamos tener una mayor precaución.

La evaluación de cualquier tipo de contenidos, indiferentemente de cual ha sido el canal por el que se han adquirido, se realiza por medio de un proceso de verbalización, bien oral, en la menor de las ocasiones, o bien escrito.

Cuando incorporamos la televisión como medio para la adquisición de algún conocimiento, junto a lo ya apuntado, no debemos olvidar que, la construcción de los mensajes que proporciona este medio no están codificados y estructurados con códigos unívocos de interpretación, estando basado sus sistemas de representación más en cuestiones de carácter cultural, tradiciones y procesos perceptivos que en convenciones previas y, en ningún caso se aproxima a como está construido el lenguaje escrito.

La televisión no dispone de un código universal para la interpretación de sus sistemas de representación, de lectura si se quiere, influyendo en los proceso de codificación y decodificación un buen número de variables, todas ellas significativas. La realidad personal, la tradición cultural, la estética personal y/o de moda, la cultura, el entorno, capacidad perceptiva, etc. son factores determinantes en los procesos de construcción e interpretación de los mensajes proporcionados por el medio televisivo.

Cuando al alumno, que ha recibido el mensaje por medio de la televisión, le evaluamos los conocimientos adquiridos por ese medio, normalmente, le obligamos a que nos traduzca su interpretación de los mismos a un lenguaje, preferentemente, alfabético y por tanto estructurado, olvidando que, como decía Eco (1.974) haciendo un análisis con otro objetivo, "Comprender no es verbalizar". (226).

Sólo en la medida en que haya existido una preocupación previa por enseñar a traducir los mensajes audiovisuales (con los riesgos que ello comporta) a mensajes alfabéticos y a la inversa, podremos utilizar cualquier tipo de medio y evaluar en consonancia con los códigos empleados en la emisión y recepción del mensaje. En el caso contrario, el resultado de la evaluación, debe ser puesto, cuando menos, en entredicho ya que su resultado no sabremos exactamente que es lo que está midiendo.

Sería aconsejable estudiar los caminos y diseñar los procedimientos para que, el alumno, pudiese expresarse utilizando los mismos códigos y elementos expresivos con los que recibió el mensaje, lo que requiere un nuevo modelo de la función de la evaluación.

Un último problema de los que pretendía tratar en este trabajo y al que hice referencia anteriormente tiene que ver con la cultura, entendida como propiciadora de significados.

Tal como vengo diciendo, la televisión incorpora al proceso comunicativo condicionantes propios de su singularidad, lo que debe obligarnos a incorporar los elementos y estrategias adecuados para su superación.

Cada uno de los sujetos que intervienen, se encuentran inmersos dentro de una realidad cultural propia próxima pero diferente de la del resto.

El entorno cultural personal entendido como ".. su modo de vida -su lenguaje, sus formas de percibir, categorizar y pensar acerca del mundo, sus formas de comunicación no verbal y de interacción social, sus reglas y convenciones acerca del comportamiento, sus valores morales e ideales, su tecnología y su cultura material, su arte, su ciencia, su literatura y su historia" (Argyle 1.987), o como "...el modelo de comportarse y pensar por medio del cual los miembros de un grupo se organizan e interactúan unos con otros, ...formado por los valores del grupo, sus normas, sus tradiciones, creencias y estrategias" (Scheel y Branch, 1.993), es el elemento que rodea el proceso, es lo que configura la realidad personal de emisor y receptor y condiciona significativamente todo él. Entorno cultural que debe ser contemplado tanto en el propio proceso de aprendizaje como en las diferentes fases de este, ya que forma parte tanto del código, como de los contenidos (Schramm,1.973).

Ante la televisión, un proceso de comunicación, debe contemplar esas realidades culturales de emisor y receptor, realizador y alumno. El mensaje se estructura y construye desde una realidad cultural concreta, la cual condiciona su configuración y da significado a cada uno de sus elementos.

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En el otro extremo del proceso, ese mismo mensaje, es decodificado en otra realidad cultural que será la que dará valor a los elementos significativos percibidos. En la figura 2 he tratado de esquematizar este planteamiento.

La situación descrita introduce una nueva problemática que obliga a tomar en consideración los diferentes entornos culturales y a utilizar estos materiales teniendo presente esta variable, la cual no ha de ser inevitablemente negativa. Muy al contrario este hecho, de que los diferentes mensajes sean construidos desde diferentes realidades culturales, facilita un acercamiento, acercamiento que se produce mediante un proceso de ósmosis, en el que la membrana porosa de la televisión, deja pasar significados, valores, tradiciones..., cultura en definitiva, que enriquece a quienes intervienen en el proceso.

Cuando mas arriba me refería a los medios en general, decía que estos sirven para superar las distancias físicas en los procesos de comunicación, bien aproximando a los interlocutores, bien aproximando los contenidos.

En esta segunda función es en la que hay que inscribir lo que pretende desarrollar con su integración en el aula presencial.

Los medios, vistos desde estas perspectiva, tratan de facilitarnos una realidad que por su lejanía, costos, riesgos, etc. no puede ser presentada directamente. Se trata por tanto de representaciones de la realidad en base a unos criterios personales, los cuales a su vez son fruto de una tradición cultural, de las limitaciones del medio y de la imposibilidad de representar la realidad (Watzlawick, 1.992), todo ello unido hace que la cultura, entendida como decía anteriormente, de generadora de significado, se convierta en cuestión central a lo hora de contemplar los materiales de televisión como una representación de la realidad realizado en un contexto cultural concreto, con unos criterios singulares y que se nos pretende presentar como la propia realidad.

 

3.3.- La integración de la televisión en los diseños curriculares presenciales: El vídeo didáctico.

Pese a que los profesores, en general y desde una perspectiva didáctica, son desconfiados con los medios (Cabero, 1.998), y en el caso de la televisión, como decía, su uso suele quedar en anecdótico, ello no debe entenderse como que el medio no disponen de potencialidades que lo pueden hacer muy útil dentro de diseños curriculares concretos.

La primera función que la televisión puede cumplir en las aulas presenciales tiene que ver con una característica de los medios a la que hice referencia anteriormente y que, dadas sus peculiaridades expresivas, puede hacerlo con muchas "garantías". La unión de la imagen dinámica y el sonido, la posibilidad del empleo de esquemas, modelos, etc. hace de la televisión el medio idóneo en este momento para aproximar los contenidos, para traer al aula lugares, objetos, situaciones, procesos que con otro de los medios convencionales sería mucho más problemático.

A la televisión, por tanto, le podemos asignar esa primera y genérica función de aproximar los contenidos en los procesos de comunicación de las situaciones de enseñanza presencial. Lógicamente estos contenidos, tal como decía anteriormente, estarán mediados por el propio medio.

Hablando de los medios en general Gimeno Sacristán y Fernández Pérez (1980) le asignan básicamente tres funciones:

a).- Un recurso para mejorar y mantener la motivación del aprendizaje.

b).- Una función informativa de contenidos, y

c).- Ser guías metodológicas del proceso de aprendizaje.

Precisando algo más Zabalza, (1985) otorga a los medios seis funciones:

a).- Una función innovadora, en el sentido de que cada medio debe conllevar un nuevo tipo de interacción, lo que debe dar pie a que todo el proceso de enseñanza cambie.

b).- Función motivadora aproximando la realidad al que aprende, diversificando las posibilidades de acceso a esa realidad.

c).- Estructuradores de la realidad, ya que como mediadores de la realidad no son esa misma realidad, lo que supone una interpretación de la misma.

d).- El medio establece un tipo de relación determinado con el alumno, el cual está en relación con el tipo de medio de que se trate, de tal forma que éste condiciona el tipo de operaciones mentales a realizar.

e).- Función solicitadora u operativa, derivada del hecho de que a través de los medios se debe facilitar y organizar las acciones de los alumnos, actuando como guías metodológicas.

f).- Por último, propone Zabalza, se puede hablar de una función formativa global, y que ésta unida a los valores que el medio como tal transmite, pudiendo el mismo crear su propio espacio didáctico.

A la vista de estos criterios contemplemos la televisión alterando un poco el orden.

Junto a la función general de todos los medios en los procesos de comunicación a la que hacia referencia más arriba, la televisión es sin duda un medio motivador. La posibilidad de uso de diferentes sistemas de signos para presentar la información puede hacer de este medio un espectáculo atractivo que va más allá que el propio contenido. Como ya he dicho es la función mas generalizada en su uso pero que, por sí sola, no justifica el uso de este medio.

Una tercera función tiene que ver con los contenidos. La televisión puede tener la función de presentar unos contenidos, organizados en base a unos determinados criterios y utilizando todos los recursos del medio. En esta función, se ha de ser muy consciente de que lo que el medio televisión facilita no es la realidad, sino una interpretación limitada de la realidad. Limitada por el medio y limitada por el autor, tal como apunté en su momento.

Dada la imprescindible linealidad narrativa de la televisión, este medio puede facilitarnos un ordenamiento en la secuenciación de los contenidos, tanto si este es temporal, de causa efecto, o cualquier otro. El hecho de tratarse de un medio de pasa en el tiempo obliga al uso de un estilo narrativo que permita un seguimiento de los contenidos, que se ha de basar en un determinado tipo de relación dentro de los mismos, esta necesidad nos puede facilitar criterios, al menos de orden, para su desarrollo pedagógico.

La televisión debe llevar al aula presencial la actualidad, tanto con relación a los contenidos, como a su forma de presentarlos, a la par que aportar elementos, tradiciones culturales definitorios de otras realidades sociales.

Hablamos de un medio que puede tener sentido en sí mismo. El estudio del propio medio puede verse como una función de la televisión en el aula. La adquisición de los conocimientos y destrezas necesarias para el análisis de los contenidos que nos presenta este medio en tanto que medio masivo de comunicación deberá estar presente entre las funciones de este medio dentro de los diseños curriculares presenciales

Unido a la posibilidad anterior y como complemento de la misma, la televisión debe ser un medio de expresión de los alumnos. Función que va más allá que el aprendizaje del simple manejo del medio y que tiene que ver con su sistema simbólico y con los elementos expresivos que maneja.

La televisión puede tener una proyección significativa en el campo de la investigación, investigación entendida como análisis y estudio de realidades, y que abarca desde el campo de los propios procesos docentes, hasta el medio ambiente (Cebrian de la Serna, 1.992), las ciencias sociales, históricas o físicas.

Por último me referiré a una función que Zabalza coloca en primer lugar y que si bien creo que debe darse no significa que se de. La televisión por sí misma no genera la innovación. No existe ningún medio que sea capaz de hacerlo. Cosa bien diferentes es que la incorporación de la televisión debe llevar emparejado el cambio en los procesos didácticos que se diseñe, pero no es inevitable. Los datos disponibles sobre el uso de la televisión en el aula nos hablan de lo contrario. Los medios no hacen la innovación.

Hay dos funciones de las que habla Zabalza y que en el caso de la televisión habría que matizar.

La televisión, efectivamente, puede crear su propio espacio didáctico, pero en ese caso estaremos hablando, bien de la Televisión Educativa a la que ya me he referido ampliamente, o bien del vídeo didáctico en tanto que sistema individual de aprendizaje y al que haré una pequeña referencia inmediatamente, pero en ningún caso a un entorno grupal y presencial coordinado por un profesional de la enseñanza.

La otra cuestión tiene que ver con la relación que la televisión establece con los alumnos-receptores. Ya he hablado de ello pero creo que por su importancia en el proceso comunicativo y por la singularidad de esa relación en el caso de la televisión, es importante recordar aquí.

Efectivamente los medios establecen "un tipo de relación determinada con los alumnos" lo cual no significa que esa relación siempre sea deseable ni positiva. Como he dicho con anterioridad, la relación que la televisión establece con los alumnos es de pasividad e inactividad intelectual. La información fluye en una sola dirección, sin que el receptor ponga en funcionamiento una actitud crítica, participativa para el análisis y la reconstrucción de los contenidos.

La relación que desde los primeros años de la infancia y dentro del entorno familiar se ha ido desarrollando con el medio, se traslada al aula sin que sufra ninguna modificación, lo que obliga a los docentes a alterar esa relación y favorecer el afloramiento de otra que lleve a una actitud de estudio, análisis y critica de los contenidos presentados por el medio.

Un apartado propio merece lo que se viene denominando como vídeo didáctico y que requiere de algún tipo de precisión diferenciada de la incorporación de la televisión al aula.

El vídeo didáctico, para que pueda ser denominado de esta forma, precisa de unos requerimientos que le proporcionan una impronta que los diferencia, sensiblemente, de los programas a los que me vengo refiriendo a lo largo de este trabajo.

Se trata de producciones, de medios, realizados en soporte videográfico y con criterio didáctico, lo que significa que estos son los que dan justificación a toda su estructura (Salinas, 1.992). Se utilizan diferentes sistemas de representación, en función de la complejidad de los contenidos, los ritmos narrativos se alteran para permitir captar unos determinados contenidos, estos son presentados reiteradamente a lo largo del programa con diferentes formas expresivas, se provoca la interacción planteando cuestiones que invitan a desarrollar una posible respuesta, etc..

Todas estas peculiaridades entran en contradicción con las formas con los que normalmente se rige la televisión.

Por lo general se trata de programas que han de ser visionados en su totalidad y de una sola vez, lo que puede crear disfunciones a la hora de incorporarlos a un diseño curricular presencial en el que el profesor, a la vista de sus alumnos, ha de tomar decisiones permanentemente y marcar el ritmo de flujo de la información.

Como idea general que puede ayudar a entender el vídeo didáctico tal como lo he descrito es la de que este medio se construye para hacer un diseño curricular presencial en el que el vídeo es el centro, mientras que en el caso de la televisión, esta, se integra en un diseño donde es sólo un medio más.

Dejo a un lado el trabajo individual en el que un sujeto aislado, solo, trabaja con este tipo de medios para adquirir unos conocimientos, función en la que los videos didácticos adquieren todo su significado.

 

3.4.- El acceso a los materiales televisivos: Problemas organizativos.

Mientras el medio dominante ha sido el libro y por extensión el material impreso, la biblioteca ha sido el centro en torno al cual ha girado la actividad académica, tanto por parte del alumno, como del profesor, que se han servido de ella para seleccionar contenidos, materiales, etc.

Ya desde Babilonia y Pérgamo, actualizado en época reciente por Eco en "El nombre de la rosa", la biblioteca se ha configurado como el centro del conocimiento, el lugar al que es necesario acudir para la adquisición de la ciencia.

Pero la biblioteca, y su nombre ya nos lo indica de forma evidente, se ha configura y aún hoy se configura en base al libro. El libro ha sido el medio de comunicación por excelencia que ha permitido el traslado de la información en el espacio y en el tiempo.

La aparición de nuevos medios que permiten ese mismo traslado debería haber llevado emparejado una transformación de las bibliotecas, facilitando la entrada en ellas de los nuevos soportes y adecuando su organización y estructura a la nueva realidad. Algunos intentos se vienen haciendo en este sentido de forma casi generalizada, pero no pasan de lo anecdótico evitando, no se si consciente o inconscientemente, una reforma sustantiva.

Las posibilidades y formas de utilización del libro y la televisión vienen mediatizadas por las diferencias técnica y comunicativas entre ambos soportes. En tanto que el libro permite reproducir su información mediante la simple técnica de copiar su contenido, utilizando instrumentos muy simples, la televisión precisa de medios técnicos más complejos. A su vez el acceso a esa información puede hacerse de forma sencilla y rápida en el primero en tanto que en el soporte televisivo es más dificultoso.

Esta diferenciación elemental y rápida, referida exclusivamente a la estructura material del medio, ya nos debe obligar a introducir ciertas necesarias transformaciones.

Por lo que respecta al acceso a la información, junto a los problemas materiales de equipos y espacios adecuados para el visionado y la copia de secuencias concretas, necesidades que primero se manifiesta, tenemos que contemplar la catalogación singular de los programas disponibles, en el sentido de poder conocer, no sólo los contenidos generales de cada uno de ellos, sino la forma de estar tratados y los códigos utilizados en su representación.

Con relación a los fondos e independientemente de los programas de producción propia, las adquisiciones deben contemplar una doble vía. La primera es la compra en el mercado de aquellos que se considere oportuno, requiriendo de los profesionales del centro los criterios previos que faciliten una toma de decisiones sobre los mismos. El segundo procedimiento debe tener en cuenta la legislación de los diferentes países sobre los derechos de autor de los programas, y más en concreto con los aspectos de esta legislación que tengan que ver con la utilización en las aulas de programas procedentes de la televisión, tanto pública como comercial.

El problema que plantea esta posibilidad es la de la grabación indiscriminada de programas de dudoso interés, lo que debe obligar a establecer sistemas de toma de decisiones sobre cuales deben ser los programas a incorporar y cuales no tienen interés para el centro concreto. La grabación bajo demanda y la creación de un grupo que establezca los criterios y evalúe periódicamente las programaciones de las diferentes cadenas son las dos posibilidades mas operativas, ya que la grabación indiscriminada de programas lleva a una saturación nada práctica y a asumir unos costes elevados e inútiles.

Por último y de la misma forma que en su momento se formó al profesorado para la integración en sus diseños de los diferentes medios, incluido el libro, en este momento debe contemplar la necesidad de esa misma formación con relación a la televisión, al menos durante el periodo de acomodación e integración de este medio, facilitando los conocimientos necesarios para que la incorporación de la televisión al aula no sea un fenómeno anecdótico y fruto de la novedad y la moda, sino consecuencia de la reflexión y la proyección de criterios pedagógicos sólidos.

Conscientemente no he hablado de centros de recursos ya que entiendo que es la biblioteca del centro el verdadero centro de recursos de la institución y por tanto no se precisa crear nuevos espacios, sino adaptar los existentes a las nuevas realidades.

 

4.- A modo de conclusión provisional.

Durante todas estas páginas he estado hablando de un medio de comunicación que nuestra sociedad tiene totalmente integrado y que, en buena medida, ha transformado las relaciones sociales, sin que para ello haya hecho falta el establecimiento de un plan previamente pensado. El medio por sí solo ha producido la situación actual.

Mientras tanto, el sistema educativo, va incorporando el medio, pero más como presión social que como consecuencia de una necesidad o de un intento de mejorar las situaciones comunicativas y metodológicas dentro del aula.

Que la televisión tiene posibilidades dentro de los diseños curriculares es algo que no es posible cuestionar, pero de eso a que los usos para los que se está empleando en este momento coincidan va un cierto trecho.

A la vista de los futuros desarrollos tecnológicos no es difícil imaginar que, en los próximos años, las posibilidades de las redes, unidas a este medio, van a transformar el concepto de escuela y de sistemas escolar y sólo, en la medida en que quienes nos dedicamos a la enseñanza hayamos hechos las reflexiones pedagógicas oportunas, esa transformación podrá tener una cierta coherencia didáctica interna, de lo contrario, la transformación, nos vendrá impuesta sin ningún tipo de posible intervención y responderá a criterios no siempre confesables.

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